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López Obrador, el villano-redentor de Alfredo del Mazo

Mejor imposible, Andrés Manuel le dará oportunidad al priista de ser un opositor protagónico, como ningún otro

OPINIÓN

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Cuesta trabajo acostumbrarse a la idea de que las personas que fungen como nuestros antagonistas, o que incluso juegan el rol de nuestras némesis, son en realidad nuestros villanos redentores: aquellos que, en sus embates contra nosotros, nos obligan a hacernos más ingeniosos, fuertes, resilientes. Incluso, existen aquellos cuya postura en eterno contrapunto es lo que nos hace justamente –y, paradójicamente, como en tragedia griega, brillar. Ese es el futuro que le esperaría a Alfredo Del Mazo, en caso de que el principal contrincante político de su partido, Andrés Manuel López Obrador, gane la Presidencia. El arribo de Morena a Los Pinos y la consecuente derrota del PRI haría de Del Mazo, un gobernador, el primer priista del país.  Como lo fue Enrique Peña. Como lo fue Montiel. Como no tuvo oportunidad de serlo Eruviel Ávila. En 1999, Arturo Montiel ganó, por poco, la gubernatura a José Luis Durán, y vivió bajo el liderazgo de Ernesto Zedillo Ponce de León, entonces presidente del país, solamente un año (entre el 15 septiembre y el 30 de noviembre de 1999), pues en seguida, el panista Vicente Fox tomó las riendas de México. Ello permitió a Montiel ser el gobernador de oposición más importante, junto con el jefe de Gobierno de la Ciudad de México (por cierto, Andrés Manuel). Los destinos de los mandatarios priistas se alineaban a su liderazgo, pues gobernaba la entidad más poblada, la de mayor padrón electoral, la segunda con mayor aporte al PIB, la segunda con mayor presupuesto y participaciones federales, la dueña del agua que se bebe la CDMX. Montiel rápidamente se ubicó como el líder nato, por encima de Dulce María Sauri, presidenta del PRI, y casi por encima de Roberto Madrazo, el siguiente dirigente del tricolor, quien encabezó el Tucom (Todos Unidos contra Montiel), consorcio de tapados priistas formado para arrebatarle la candidatura a la Presidencia al atlacomulquense. Para 2005, la historia se repitió e, incluso, mejoró para el gobernador en turno. Enrique Peña Nieto ha sido el único mandatario estatal sin nadie a quien reportar hacia arriba, los seis años completos. Su gran carisma, pese a los atropellados resultados en política social, económica y seguridad pública, lo llevaron a ser nombrado, el 17 de diciembre de 2011 como precandidato único, y posterior candidato, del PRI a la Presidencia. Hoy, Alfredo Del Mazo tercero, miembro de un linaje de gobernadores mexiquenses, puede llegar a ser más que eso y mucho más fácilmente con López Obrador que con José Antonio Meade, el no priista-priista. Andrés Manuel lo cuestionará, y en esa crítica le dará foro. Y mejor aún: AMLO le dará oportunidad de ser un opositor protagónico como ninguno. Le podrá recriminar si no da empleo a todos los ninis, si no elimina a cero la corrupción, si no abate los índices de pobreza del Coneval, si no revive a Pemex y la CFE, si cambia (o incluso, si no cambia) el Nuevo Aeropuerto. Andrés Manuel, sin duda, es el mejor candidato para Alfredo Del Mazo.