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Salvador Cerón Aguilar: Trabajo legislativo y oficio político

OPINIÓN

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Muy conveniente resulta tener claridad, respecto de aquellos elementos básicos que el Legislativo requiere para trabajar en el diseño de los cambios que el país requiere, y ganar la autoridad suficiente para implantarlos: representatividad, agenda común, capacidad de acuerdo, método y también operación política. La representatividad de los legisladores es fundamental y ésta está en función de su identificación con los intereses, necesidades y valores de sus representados. La representatividad y legitimidad de los partidos depende de la congruencia y validez de sus principios y métodos para interpretar las necesidades y transformar efectivamente la realidad al promover el bien común. La falta de identificación y de legitimidad rompe con el principio de confianza indispensable y la autoridad moral necesaria para promover la construcción de un nuevo México. Una agenda común es indispensable para avanzar en la construcción de consensos y de un nuevo marco jurídico, por ello no resulta lógico el hablar de agendas cuando se trata del mismo país y sin embargo, que útiles resultan las diversas perspectivas, ponderaciones, métodos y alternativas de solución que aportan los partidos y los representantes legítimos de la sociedad. Al recibir su mandato, los integrantes de las comisiones tanto de la Cámara baja como de Cámara alta, reciben también unos recursos y un tiempo para ofrecer resultados que bien pueden ser propuestas o evaluaciones. Por ello al trabajo disciplinado, oportuno y también diligente se tienen que sumar unas capacidades, como la escucha, y un método que les evite desviaciones y les prevenga de la confusión que provoca los asuntos que involucran aspectos de tipo normativo que tienen que ver con juicios de valor, de aquellos de tipo positivo que se asocian con las realidades comprobables. Por último, la indispensable capacidad de operación política para construir acuerdos, en un régimen en el que los sistemas de partidos y electoral no facilitan la colaboración entre el Congreso y el Ejecutivo, se hace impostergable el acudir a fórmulas de coalición y a la interlocución directa entre los actores del ejecutivo y el legislativo y la intervención del mismo presidente en su carácter de presidente de todos los mexicanos. El oficio político en estos casos es una virtud insustituible que sintetiza las capacidades de negación. Que importante resulta en este contexto, evitar las visiones simplistas respecto de la transformación de las sociedades, pues no son los acuerdos por sí solos, ni la voluntad de los gobernantes, ni el tiempo, ni los cambios al marco jurídico, lo que promueve una verdadera transformación. Serán la cultura de respeto, el restablecimiento de la confianza entre las personas y la eficacia de las acciones que se emprendan con el propósito de reconstrucción nacional, las que nos devuelvan la esperanza en un mejor futuro.