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Hilda Nucci González: El triunfo electoral se decide en las urnas

OPINIÓN

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Durante los últimos meses hemos sido bombardeados por encuestas que muestran algunas preferencias electorales para las próximas elecciones. Muchos consideran a las encuestas como una fotografía de las tendencias de intención del voto en el instante en el que se realizan; pero al ser divulgadas a través de los medios de comunicación, éstas se transforman en un factor de influencia en la alineación de la opinión pública, pudiendo afectar en gran medida el desenlace de las elecciones. Como resultado de las encuestas se producen dos situaciones: la primera, que se vote por el partido que va a la baja en las tendencias electorales (efecto underdog) y la segunda, votar por el partido que es el puntero en las encuestas (efecto brandwagon). Ambos efectos propician además lo que se conoce como el voto útil, en donde los ciudadanos realizamos un voto razonado que pretende beneficiar o no a nuestros candidatos -según sea el caso- a partir de una opinión pública informada. A fin de garantizar la democracia de las elecciones, las encuestas por muestreo, sondeos de opinión, encuestas de salida y conteos rápidos no institucionales se encuentran reguladas en la ley de la materia, mediante los principios de transparencia y máxima  publicidad rectores del derecho de acceso a la información pública. En teoría, todas las encuestas deben apegarse a la normatividad electoral vigente, es decir, las personas físicas o morales encargadas de dar a conocer tendencias electorales mediante la publicación de encuestas, deberán de identificar y diferenciar en su publicación: el método de recolección de la información, costos de ésta, responsables de su realización y los resultados. Corresponde al INE vigilar que las encuestas se hagan conforme a derecho. ¿Pero cómo saber que una encuesta refleja la verdad de las preferencias electorales? Al menos tendría que satisfacer los criterios que anteceden, pero la mayoría de las encuestas no representan la tendencia real, por que el muestreo es muy pequeño y no todos las responden, además de favorecer a quien la paga. Por ejemplo, en el 9° informe publicado por el INE, se señalan 23 publicaciones en medios impresos sobre las que no se han recibido los estudios con los criterios antes señalados. Lo anterior quiere decir que las encuestas no son perfectas y mucho menos representan un presagio de las elecciones, si bien sirven como instrumento para ayudar a los candidatos a definir sus fortalezas, vislumbrar sus debilidades y propiciar un voto razonado. Ahí está el caso de Trump, que gana las elecciones a pesar de todos los pronósticos en su contra. Entonces reflexionemos, las encuestas no aseguran el triunfo, pero el voto sí.   HILDA NUCCI GONZÁLEZ MIEMBRO DEL SISTEMA NACIONAL DE INVESTIGADORES NIVEL I @HILNUCCI