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Fausto Barajas: El gobierno que se queda

OPINIÓN

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    Para la siguiente semana ya habrán pasado las elecciones en el país y quien haya ganado deberá estar, además de contento, preocupado. Tendrá el honor de dirigir un gran país y el reto de tomarlo después de un gobierno que dejó ir muchas oportunidades para hacer un México mejor. En 2012, la transición fue tersa, Calderón dejaba a Peña un México que ya se había consolidado como la potencia manufacturera de Latinoamérica, el cuarto mayor exportador de autos, uno de los principales destinos de inversión y turismo en el mundo, con zonas de alto crecimiento como en el bajío del país y una clase media que había mejorado su poder adquisitivo. Mucho de esto, en 2018 también lo recibirá el que gane las elecciones. Sin embargo, hay otra parte que es todavía más vinculada al gobierno y donde las cosas no se ven igual en 2018 que en 2012. En 2012 el país que dejaba Calderón a Peña tenía crecimiento de más de 4%, violencia con tendencia a la baja, finanzas públicas equilibradas, una de las deudas más bajas de la OCDE que era del 33% del PIB y una vigorosa inversión en infraestructura que tocaba el 5% del PIB. Para 2018, Peña dejará al ganador de las elecciones, un país con crecimiento del 2%, violencia al alza, finanzas públicas comprometidas, con una deuda del doble de tamaño de la de 2012 y con una inversión débil en infraestructura que apenas llega al 3%. En el reporte más reciente del INEGI, se registró que en los primeros cuatro meses de 2018 las obras de infraestructura en el país se habían reducido (-)9%. Una de las tareas más importantes de los gobiernos es la construcción de infraestructura, sin embargo, en este gobierno se ha reducido año tras año, en 2014 fue (-)2%; en 2015, (-)1%; en 2016 (-)9% y en 2017, (-) 10%. Este abandono a la inversión en infraestructura no se había visto en décadas y lo preocupante es que un país que no invierte en infraestructura compromete su desarrollo presente y futuro. Los millones de pesos que redujo de inversión Peña no solo se notaron en el bajo crecimiento durante su gobierno, también los resentirá el siguiente. Peña se irá, pero el gobierno se queda y quien lo reciba enfrentará las presiones de gasto crecientes por parte de las pensiones, el servicio de la deuda, del gasto de salud y la innegable necesidad de invertir más en seguridad. Los márgenes de ajuste en las finanzas públicas no son tan grandes y la necesidad de invertir más en infraestructura a la par de atender el resto de las necesidades del país, puede llevarnos a que el siguiente gobierno caiga en la tentación de ampliar más el déficit y por lo tanto la deuda del país. El reto no se resuelve solo con voluntarismo o propuestas mágicas. Quien gane la elección debe tener claro eso y poner a trabajar a su equipo desde el 2 de julio para hacer un diagnóstico detallado y diseñar las estrategias que eviten un mayor retroceso a la inversión en infraestructura. El momento de México que recibió Peña  en 2012, hoy está lejano, pero México sigue caminando y quien gane, además de sanar le heridas de la polarización electoral, deberá de gobernar para todos los mexicanos, porque los presidentes se van, pero los gobiernos se quedan. Por Fausto Barajas