Haz tu denuncia aquí

Los niños migrantes y el gran debate estadounidense

OPINIÓN

·
 
El analista estadounidense Howard Fineman afirma que uno de los temas nunca resueltos en la legislación estadounidense es "¿quién es una persona?".
La pregunta de Fineman es en realidad un capítulo en su libro The Thirteen American Arguments Enduring Debate (Las trece discusiones estadounidenses, el debate duradero) en torno a temas no resueltos en la historia estadounidense.
Fineman relata que es una cuestión que ha tenido diferentes respuestas a lo largo de la historia estadounidense, que en su mayoría han excluido a algún grupo, sea mujeres, negros, indígenas, inmigrantes o aquellos considerados como "el enemigo".
Con ese marco de fondo, no extraña, por ejemplo, que la decisión de separar familias detenidas en la frontera estadounidense, en concreto padres y niños, haya sido tan fácil de alcanzar para algunos y tan difícil de aceptar para otros estadounidenses.
Funcionarios como el procurador General, Jefferson Davis Sessions, y la secretaria de Seguridad Nacional, Kristjen Nielsen, trataron de dar marco legal y ético a la postura, y Sessions llegó a tanto como a citar a la Biblia.
Aunque para el caso, pudo haber citado a Herodes.
Así, una grabación de niños en llanto y llamando a su papá o su mamá, acompañada por el burlón comentario de un agente de la Patrulla Fronteriza: "ya tenemos la orquesta... ahora falta el conductor", es el momento simbólico de la crisis.
En términos estrictamente legales no hay siquiera objeción posible a la actitud de las autoridades estadounidenses en la decisión de separar a padres y niños. Mil 995 niños, algunos que apenas pueden caminar, han sido retenidos por las autoridades y enviados a centros de atención donde son colocados literalmente en jaulas: las fotografías divulgadas por el propio gobierno estadounidense dieron un brutal testimonio.
En términos éticos, de decencia, es muy difícil encontrar justificación.
Pero nadie sabe que Sessions o Stephen Miller, que fuera su ayudante en el Senado y ahora es el asesor del presidente Donald Trump sobre migración, tengan simpatía por nada o nadie que no sea estadounidense blanco y preferiblemente sureño.
O que los medios de extrema derecha, que ahora presentan los arrestos en la frontera como "una batalla" contra "invasores", crean en algo más liberal que el Ku-Klux Klan.
A otro nivel, la crisis de familias separadas pone de relieve el desdén estadounidense por los organismos internacionales que ellos mismos crearon, auspiciaron y nutrieron los últimos 70 años.
Y no es que sea algo nuevo. Los estadounidenses no aceptan que haya leyes por encima de la suya propia —excepto tal vez los Diez Mandamientos— y aunque promueven que otros países respeten y acaten las leyes internacionales, su gobierno las ignora cuándo y cómo les conviene.
Así que la discusión en torno a las familias separadas es una que llega al fondo de las actitudes estadounidenses. Pero no las resuelve.