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Venganza histórica

OPINIÓN

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Muy pocas veces hablo de futbol, pero la ocasión lo amerita. Y no es porque me esté subiendo al barco triunfalista tras la histórica victoria sobre Alemania en el Mundial de Rusia, más bien, porque tengo la edad para haber vivido una serie de acontecimientos frustrantes, por lo que este triunfo sabe a gloria. Poniendo las cosas en contexto, en mi niñez tuve un enamoramiento con el balompié a través de las legendarias narraciones de Ángel Fernández, siempre imitado y jamás igualado, así como por el América de los que Enrique Borja y Carlos Reinoso se convirtieron en mis primeros ídolos deportivos. Y aunque suene a contradicción, por la posición actual de mis comentarios, no estoy en contra del futbol, lo que critico es la saturación tan brutal de éste en nuestros medios de comunicación. En países con idiosincrasias muy parecidas a la nuestra, como en España, Argentina o Brasil, que sí han sido campeones mundiales, el futbol también es el deporte número uno, pero qué me dicen del nivel de coberturas que tienen otras disciplinas como basquetbol, voleibol, tenis, automovilismo, atletismo, ciclismo, gimnasia, golf y muchos etcétera, etcétera. En México nos hemos olvidado de acercar al público a más eventos como sucedía en épocas anteriores, y sólo nos acordamos que somos potencia mundial en tiro con arco, clavados y taekwondo cada cuatro años. El primer Mundial que viví con cierta plenitud, porque los encuentros eran por la mañana e iba a la escuela, fue el de Alemania 74, por lo que el primero como tal fue Argentina 78. Luego de caer ante Túnez, se perdió ante Alemania por 6-0. De este partido se desprende la anécdota, ahora elevada a leyenda, entre Pilar Reyes y Pedro Soto, los arqueros nacionales. Reyes recibió tres goles y abandonó el juego antes del medio tiempo al chocar con Karl-Heinz Rummenigge. Lo llevaron a la enfermería que no tenía televisión, por lo que no sabía qué pasaba en el encuentro. Al término, Soto pasó a verlo y le dijo: “¡Empatamos Piluco!”, Reyes le respondió ¿cómo? ¡No puede ser!, y Soto remató: “Sí, fueron tres a ti y tres a mí”. La derrota fue humillante, pero indiscutible, por lo que el dolor que produjo la de los Cuartos de Final de México 86 ante los germanos, por penales, fue inmensamente mayor, sobre todo porque aún no nos explicamos el porqué de un gol anulado del árbitro Jesús Díaz al Abuelo Cruz. Y también dolió profundamente el revés ante los mismos alemanes en los Octavos de Francia 98, cuando se tuvo el 2-0 para matarlos, pero al final, y en los últimos 16 minutos los germanos le dieron la vuelta. De manera que aunque no en una instancia definitiva, ganarle a Alemania, al actual campeón del mundo, sabe muuuy bien.