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México jugó por nota

OPINIÓN

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  El domingo 17 de junio de 2018 quedará eternamente marcado con rojo en el calendario de mi vida.  En lo deportivo, ha sido uno de los días más felices porque MÉXICO –así con mayúsculas- derrotó 1-0 a Alemania en lo que ya se considera el resultado más importante de la Selección Nacional en la fase de grupos de la historia de los Mundiales. Mi felicidad no descansa únicamente en la cuestión técnica y táctica, en el extraordinario planteamiento que hizo el colombiano Juan Carlos Osorio, en lo ordenados que se vieron en la cancha los jugadores, en el golazo de “El Chucky” Lozano. Mi alegría va más allá porque veo, por primera vez, que los esfuerzos que se han hecho en el futbol mexicano ya se están cristalizando. Desde que la Sub 17 ganó el Mundial de Perú 2005 me ilusioné. Soñé con tener una camada de jugadores de exportación que nos regalaran a los mexicanos un resultado como este que nos habla de que es posible trascender y sacudirnos los fantasmas del “ya merito”, de las frases derrotistas como “jugar como nunca, perder como siempre”, de alcanzar una fuerza mental que acompañara al desarrollo futbolístico y le pasáramos por encima a una potencia mundial del calibre de Alemania. El resultado para ambas selecciones será inolvidable. Para los fríos y robóticos alemanes porque sudaron la gota gorda, porque el equipo Tricolor los desnudó como falibles. No es asunto menor. Para nosotros, como bien lo dijo Juan Carlos Osorio, le hecho de que el futbol mexicano “tiene presente y un futuro promisorio”. Me encantó escuchar a Andrés Guardado decir que en Rusia 2018 aún no se ha ganado nada. Tiene razón. El objetivo es el quinto partido y, según han dicho los propios seleccionados, alcanzar la final. No nos anticipemos. El empate a uno entre Brasil y Suiza nos dice que las selecciones grandes están sufriendo en la fase de grupos, como ya ha pasado en otros Mundiales. Recordemos que en 2010 España empezó con un descalabro ante Suiza y terminó siendo campeón. Gocemos por ahora de este 1-0 que ha puesto a la Selección como un rival de respeto que a todos nos contagia de que las barreras son mentales, de que no hay imposibles. Y este resultado, le aseguro, no fue de riñones. Fue, otra vez, técnica y táctica. Fue la libretita de Osorio, quien ha sido respetuoso hasta el límite, ha aguantado los mezquinos cuestionamientos de esa prensa mexicana que vive de la descalificación de los seleccionadores del equipo Tricolor, que los revientan un día sí y otro también porque creen que ninguno sabe lo suficiente como para dejarlo hacer su trabajo en paz. Más que nunca mi respeto a Juan Carlos Osorio. Celebro a los seleccionados que le dieron la gloria del triunfo a su entrenador. Han estado a muerte con su profe, porque creyeron en él, pero, sobre todo, porque él creyó en ellos y les puso una transfusión de mentalidad ganadora. Diacrítico. En este éxito también el aplauso para Imanol Ibarrondo, el psicólogo del Tri. Tienen razón: México dio un paso importantísimo, en el futbol y en nuestro ánimo por entender que no somos un país condenado al fracaso.