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El destino incierto de El Bronco

A la hora de gobernar, vio que las cosas no eran tan simples como criticarlas desde la comodidad de una campaña

OPINIÓN

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A principios de 2016, luego de su aplastante victoria en las elecciones estatales medio año antes, en Nuevo León comenzó a manejarse la posibilidad de una candidatura presidencial de El Bronco. El éxito del primer aspirante independiente que ganaba una gubernatura podría repetirse a nivel federal, decían sus promotores, ante el hartazgo ciudadano hacia los partidos políticos. Se comenzó a trabajar en el proyecto. La fórmula parecía sencilla de repetir con un candidato que luciera auténtico apoyado por un buen publicista. A la hora de gobernar, El Bronco vio que las cosas no eran tan simples como criticarlas desde la comodidad de una campaña. Con unos adversarios muy persistentes en el congreso local y un gabinete conformado con calzador, las cosas en el estado no marcharon bien y la ciudadanía comenzó a decepcionarse. Ya en 2017, cuando se conocieron los requisitos que los independientes deberían cumplir para obtener el registro y ante la creciente popularidad de AMLO, en Nuevo León se mencionaba constantemente la existencia de un acuerdo entre el gobierno federal -léase el PRI- y El Bronco para que se lanzara, con el objetivo de restarle votos a quien desde entonces lucía puntero en las preferencias. La historia de lo que ocurrió durante la búsqueda de las firmas de apoyo la conocemos todos y es un capítulo que aún no cierra, toda vez que el INE dio vista a la Fepade de posibles actos constitutivos de delitos electorales por parte de Jaime Rodríguez y su equipo. Del desempeño, ¿qué podemos decir? Para la gran cantidad de la población, el independiente ha resultado un fiasco y como consecuencia lógica, aparece en un último lugar en las encuestas. Y como nadie es profeta en su tierra, los ejercicios demoscópicos demuestran que en Nuevo León las cosas pintan nada bien para el gobernador con licencia: 4, 5, 6 por ciento de intención de voto y no más. El estado se lo disputan Ricardo Anaya y AMLO, quienes se encuentran en empate técnico con alrededor del 30 por ciento de las preferencias, cifra récord para el candidato de Morena. Aunque no ha sido una pregunta directa, lo que los sondeos revelan es un rechazo de los neoleoneses al retorno de Rodríguez Calderón al palacio de gobierno. La licencia solicitada al congreso local vence a las 24 horas del día primero de julio, pero el mandatario cuenta con 10 días más de gracia para retomar sus funciones. Al regresar a gobernar, el independiente enfrentará un creciente desencanto, un reproche a su abandono y una gran crítica a su desempeño como aspirante presidencial. Desde abril, organizaciones ciudadanas han convocado a manifestaciones para demandar a los diputados locales que impidan su regreso y hasta se han presentado denuncias penales para llenar de escollos legales su regreso al cargo. Como candidato, Jaime Rodríguez Calderón resultó un fraude. Como gobernante, nada indica que enmendará el camino, si es que encuentra la forma de cómo terminar su mandato. Qué decepción la irrupción de los independientes. CARLOSZUNIGAPEREZ@GMAIL.COM @CARLOSZUP