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El último aliento de Ricardo Anaya

OPINIÓN

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# Historia de lo Inmediato   Se le acabó el tiempo a Ricardo Anaya. También se le agotaron las balas para librar una “guerra”, como él mismo definió a su confrontación con “el PRI-gobierno”. Su último cartucho es acusar un pacto Andrés Manuel López Obrador-Enrique Peña Nieto. Pero el problema es de credibilidad ante hechos verificados: Si Peña y su gobierno han tenido un socio a lo largo del sexenio ha sido Anaya, unidos en el Pacto por México y en el esquema de corrupción para compensar ese apoyo por la vía de los “moches” en la Cámara de Diputados. No sólo eso: Salvo su reciente rebeldía, Anaya ha sido un opositor flácido y omiso ante el jefe de Estado, el jefe de gobierno y el jefe del PRI. Y en toda la campaña, Peña ha sido el innombrable. En en agosto del año pasado, al calor de las acciones del gobernador Javier Corral contra priistas que presuntamente desviaron millones de pesos, Anaya expresó, en Chihuahua, que ante el “actual gobierno priista federal estamos en un franco estado de guerra, con tres frentes”: Impedir al priista Raúl Cervantes ser el fiscal general, construir una alianza con el PRD y Movimiento Ciudadano y combatir el uso de las instituciones para afectar al PAN. Entonces, como a lo largo de la campaña, Anaya muy pronto se olvidó de ese “estado de guerra” contra el gobierno. Y muy pronto cambió su léxico, como se acreditó en El Heraldo de México: Cambió “guerra” por “batalla frontal contra el PRI” y aclaró que no tenía pruebas contra Peña. “Yo sólo doy por hecho lo que me consta. No doy por hecho, por lo tanto, cosas que no me constan”, me dijo al preguntarle si Peña era el autor de los ataques. –¿Por qué nunca menciona a Peña? –le insistí. –¡No me consta! –cortó. Así ha sido también en su campaña: Salvo el 4 de marzo, cuando lo emplazó personalmente a cesar la persecución en su contra --“señor Presidente, le digo con respeto, serenidad y firmeza: Así no”--, Anaya no ha existido. Las críticas en sus mítines contra la corrupción y la ineptitud han sido en los etéreo para el PRI y el gobierno, jamás para Peña en lo concreto. Ni siquiera en sus ya numerosas visitas al Estado de México, entraña del presidente. El sector más amplio en su equipo le insistía desde el inicio de la campaña ir contra Peña y sólo tomó la decisión tras la difusión, el jueves 7, del video anónimo de Juan Barreiro, el hermano del presuntos lavador de dinero que le financió y le compró la nave industrial en 54 millones de pesos. Si en la Universidad Iberoamericana, el martes 5, dijo que Peña era corrupto sólo porque se lo preguntó Jorge Ramos y el propio jueves, en Huixquilucan, ni siquiera lo había mencionado. La Casa Blanca de Peña ni siquiera existió para él. Ahora repentinamente Anaya se vuelve antisistema ante la impaciencia de algunos panistas “--ya era hora”, exclamó Corral--, y, a la manera del ladrón, distrae con la acusación de un pacto Peña-López Obrador. Si hay este pacto, significa que Anaya paga los millones de llamadas telefónicas calumniosas y spots anónimos o qué mal trata Peña a su aliado López Obrador. No: Anaya no creció… Por Alvaro Delgado