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Don Andrés

OPINIÓN

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Nunca se ha visto envuelto en un escándalo; jamás fue captado por los paparazzis con otra mujer que no fuera la suya ni dio pie a comentarios ajenos a lo futbolístico. Nadie se atreve a hablar siquiera un pelín mal de él. Ha sido un auténtico ejemplo dentro y fuera del rectángulo verde. Se dedica a su familia y a dignificar la profesión. Estoy hablando de don Andrés Iniesta, probablemente el jugador español más grande de todos los tiempos. Se dice pronto, pero le dio a España su único título del mundo en Sudáfrica, además de colaborar de manera sustancial en la consecución de dos Eurocopas. Como jugador es avasalladoramente dúctil. Suave y ligero con la pelota en los pies, tanto, que en ocasiones parece no estar. Probablemente sea por ello que le digan El Fantasmita, más allá de la palidez de su rostro. Quizá sea el futbolista más inteligente del orbe cuando de circular la pelota con criterio se trata. No hace alharaca de su enorme talento. Digamos que sólo se deja trascender por lo trascendental. Nunca se excede en la gambeta ni abusa de la filigrana. Toca fácil. Punto. Busca siempre al compañero mejor ubicado, y no dudo que por su cabeza suene y resuene este pensamiento: “la gloria para ellos, que yo llevo la mía propia”. Es un manual. En olor de multitudes, Andrés jugó su último clásico el domingo anterior en el Camp Nou y fue despedido como lo que siempre ha sido: el más humilde de los más grandes ídolos blaugranas. Con 12 años a cuestas (Andrés había nacido en Fuentealbilla, Albacete, el 11 de mayo de 1984) el manchego llegó a La Masía. Jugó algunas temporadas en el Barcelona B, donde terminó de forjarse como un deportista de élite, para finalmente alcanzar el ansiado debut con el primer equipo en la victoria del conjunto culé uno por cero sobre el Brujas, de Bélgica, en duelo correspondiente a la fase de grupos de la Champions, el 29 de octubre de 2002. Fue el holandés Louis Van Gaal quien puso a la gema prácticamente terminada en el escaparate nacional e internacional. Las crónicas de la época detallan con minuciosa laboriosidad aquella presentación en sociedad. Andrés se juntó en el medio campo con otro monstruo (de sangre más aguada): Juan Román Riquelme. Sucede que cuando dos cracks congenian, aunque nunca hayan jugado juntos, surge inexorablemente la magia irrepetible del futbol arte. ¿Números? Sobran. Pero ahí van algunos para los descreídos: nueve ligas, dos Champions, un título del mundo... 32 títulos en total con el Barcelona y nominaciones consecutivas al Balón de Oro entre 2009 y 2016. Privilegiados los ojos que hemos tenido la oportunidad de ver a este genio de la pelota... Será con su propio vino que alcemos una copa para brindar por el gran capitán. Más deportistas y futbolistas como usted. Salud, don Andrés.