Haz tu denuncia aquí

Una embajada sin embajador

OPINIÓN

·
Con la salida de Roberta Jacobson de la embajada de Estados Unidos en México, se espera ahora la llegada de un nuevo embajador. Pero no hay certidumbre de que el nuevo encargado formal de la representación estadounidense vaya a ser el empresario retirado Ed Whitacre Jr., designado en marzo pasado y al que se dio de inmediato el placet necesario por parte de las autoridades mexicanas. Whitacre es un texano, ex-ejecutivo en la telefónica ATT y en la automotriz General Motors, y en ambas tuvo que ver con negocios en México, incluso una asociación con las empresas de Carlos Slim. Pero aunque parecería una buena selección se le ve de entrada como un remanente de la era del ahora ex-secretario de Estado Rex Tillerson, que pese a su buena voluntad se vio obligado a renunciar con más pena que gloria. Por su breve paso al frente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y su historial como miembro del Comité de Inteligencia de la Cámara baja, el nuevo secretario Mike Pompeo debe estar al tanto de la importancia de la relación bilateral y los momentos difíciles que atraviesa, pero también es un hombre que llegó a la dirección de la CIA y ahora al Departamento de Estado gracias a su cercanía al presidente Donald Trump. Los optimistas esperan que Pompeo inyecte mayor dinamismo al Departamento de Estado y eso incluye entre otras cosas agilitar las designaciones de embajadores en tantos como 38 puestos, que incluyen ademas de Mexico a la Unión Europea, Turquia, Australia, Irlanda, Arabia Saudita y Egipto. En términos de México, la ausencia ocurre en momentos en que el pais se dirige a la que se plantea como una elección de enorme importancia. Podría decirse que una relación tan profunda como la de Estados Unidos y México se parece a un rizoma, esas raíces que crecen horizontalmente, bajo tierra y por tiempo y forma indefinidos. En ese sentido los embajadores parecen haber perdido importancia, ante la facilidad de comunicación directa entre diferentes instancias de gobierno a nivel federal y a niveles incluso estatales y municipales. Pero es precisamente esa multiplicidad la que fortalece la función de los embajadores, sea el de Estados Unidos en México o el de México en Washington, que actúan ahora como coordinadores políticos de los esfuerzos y trabajos de sus respectivos gobiernos y sobre todo, como conductos de comunicación directa hacia los principales centros de decisión. Por eso hay dudas de que Whitacre llegue a la embajada en México. Hasta donde se sabe es republicano, pero no particularmente cercano al gobierno Trump; no hay todavía noticia de que se haya iniciado el proceso para su confirmación en el senado -que incluiría una muy pública aparición ante el Comité de Relaciones Exteriores- y mucho menos haya fecha de llegada a México. Cierto, hay un canal de comunicación entre el Secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, y el asesor presidencial Jared Kushner, pero por bueno que sea no tiene el impacto ni la intensidad de un embajador in situ. Con Jacobson, los Estados Unidos perdieron una embajadora particularmente bien informada y especialmente conectada con la sociedad mexicana. Les tomará tiempo remplazarla.