Entre el dólar y el peronismo

Menos de siete meses han pasado entre mis dos últimas visitas a Argentina. A fines de septiembre parecía abrirse un espléndido panorama para Mauricio Macri y su gobierno, hoy llegan malas señales. Si las elecciones de octubre confirmaron las primeras previsiones, las actuales encuestas y la caída de popularidad presidencial, la subida de las tasas y la corrida cambiaria o el ajuste de las tarifas de los servicios públicos (agua, gas y electricidad) hablan de una realidad distinta. Algunas semanas atrás se insistía en el respaldo al proyecto presidencial en la provincia de Buenos Aires por la excelente gestión de su gobernadora, María Eugenia Vidal. También se analizaban las opciones oficialistas para revalidar sus posiciones, incluso ampliarlas, en el principal bastión peronista, con la posibilidad de desterrar al peronismo si Macri fuera reelegido en 2019. La ciclotimia argentina es un clásico de la psicología política. La pasión con la que se vive el futbol se ha trasladado con abundante crispación a la vida política. La polarización social alimenta una grieta ahondada por el rechazo al kirchnerismo o la descalificación de un “gobierno de empresarios”. En este contexto, la reelección depende del estado de la oposición y de la marcha de la economía. El peronismo dividido debería reunificarse y elegir un candidato capaz de derrotar a Macri. Las evidencias de iniciativas varias para cubrir este vacío de momento parecen infructuosas, aunque es palpable la amenaza a nuevos triunfos, locales o provinciales, del oficialista Cambiemos. En la economía están los mayores riesgos. El recuerdo del corralito y el pavor omnipresente a la inflación pueden cambiar fácilmente el humor social. Según algunos economistas próximos al gobierno, éste sería el tiempo del ajuste, ya que en 2019, año electoral, deberían llegar mejores noticias, como el control de la inflación, o se podrían ensayar políticas más expansivas y más amables con el consumo y el gasto público. Pero, la irresponsable postura de la oposición, que reclama incluso la congelación de las tarifas, agrava las cosas. Sólo pensando en gobernar, el peronismo y sus aliados parlamentarios carecen de una perspectiva futura, ya que lo único importante es la derrota del macrismo. El apoyo al Presidente ha caído en el último mes, pero todavía está en 45%, una cifra elevada en muchos países. El recuerdo de la gestión del populismo kirchnerista, de la corrupción rampante o del desprecio a las instituciones es tan fuerte en algunos sectores sociales, que muchos prefieren seguir apoyando a Macri, pese a sus debilidades. El mismo sentimiento reina en la comunidad internacional, que ha recibido entusiasta el retorno de Argentina al mundo. La comparación entre el antes y el ahora es insostenible, aunque las obvias ventajas del presente no alcanzan para retener el favor ciudadano. Hay que ensayar otros métodos, incluso en el terreno de la nueva política y las redes sociales a la que es tan afecto el gobierno y es aquí donde debería hacerse un mayor esfuerzo didáctico para transmitir los objetivos de las políticas públicas. *Investigador del Real Instituto Elcano    

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