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Mi voto a Meade

OPINIÓN

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  En la actualidad, ser sincero y tener principios es algo extraño, y parecería que hoy la política se ha convertido en el arte de la simulación o en el arte de la mentira, en un disfraz para ocultar verdades inexorables. El mejor voto útil, sin duda, es el voto que se hace a conciencia, aquel que se deposita en la urna en función de un interés superior, que en este caso es México. Votar en conciencia no sólo significa un voto más en el tedioso recuento de innumerables boletas. Significa que cada voto tiene consecuencias personales para toda la vida. Un voto en conciencia implica también asumir las secuelas que se derivan de un acto sencillo pero decisivo. Un voto en conciencia, en mi caso, es una decisión fundamental en mi vida. Hace algunos días escribí que no votaría por el Frente, y me mantengo en lo dicho. Al referirme al FRENTE, subrayo que se trata de la alternativa construida por Ricardo Anaya al servicio de sí mismo. Poco o nada tiene este PAN en alianza torticera con el PRD y MC, con aquellos valores que defendía el partido que en el que me formé y crecí, con los principios que me hicieron creer en una política orientada hacia el bien común y con aquellas convicciones que me llevaron a luchar por una patria más justa, ordenada y generosa. El PAN de Anaya no es ese PAN, ese ya no es el PAN. Tengo un gran respeto por Margarita Zavala, por su trabajo, por su lucha. Admiro profundamente el esfuerzo que hizo para lograr ser candidata independiente. Sé lo que para ella significó dejar atrás más de 30 años de militancia en Acción Nacional. Conozco de primera mano la lucha en que se batió para recabar firmas en todo el país, así como lo difícil que fue salir de la competencia, debido a los obstáculos, problemas y complicaciones  sembrados en el camino. Una vez que se retiró de la contienda, Margarita alentó a su equipo y a sus seguidores para que cada uno, haciendo uso de su libertad personal, tomara la decisión que considerara más conveniente para este país. Soy panista, y en el PAN he luchado por causas que me parecen justas: fui diputado local en Guerrero, competí por la gubernatura de mi estado en 2015 en condiciones de gran desventaja por la casi nula existencia de Acción Nacional en esa región, pero con orgullo puedo decir que hice una extraordinaria campaña y logre una gran votación. Después acepté la designación como Secretario de Vinculación en la administración de Anaya y fui delegado del Comité Ejecutivo Nacional para la elección de gobernador en Chihuahua, donde logré convencer a Javier Corral a que aceptara ser candidato a Gobernador. Él me nombró su coordinador de campaña y juntos -el como candidato y yo como su coordinador- logramos el triunfo. Como panista puedo sentirme satisfecho por lo aportado, siempre fui leal e íntegro, nada tengo que reclamar a la institución – y sí mucho que agradecer - y estoy seguro de que tampoco habrá reclamos por mi decisión. Como panista asistí al bochornoso espectáculo dentro del partido que cerró las opciones democráticas mediante un discurso que pregonaba democracia e inclusión. La demagogia se hizo dueña de las palabras de sus dirigentes. A ella se sumó un populismo en las ideas al servicio de unos cuantos. Por eso, como panista, decidí apoyar a Margarita Zavala y fui testigo de cómo miles de panistas en todo el país la impulsaron para llegar a la boleta electoral como aspirante independiente, después de su renuncia al PAN. El político que no tiene más bandera que su honestidad y su coherencia, está obligado a ser transparente y a luchar por lo que considera mejor. Aspirar a lo mejor para México inicia con el mandato de la gente. El voto que persigue lo mejor se decide también obedeciendo y atendiendo a los principios y al instinto sobre de qué lado de la historia queremos estar. En el engaño nada florece y en la verdad todo es posible. Por eso hoy mi decisión es apoyar a José Antonio Meade. Diacrítico. Como panista y estando absolutamente convencido de lo que hago, en pleno ejercicio de mis libertades ciudadanas, decido que mi voto el próximo 1 de julio será por José Antonio Meade. Meade representa en buena medida lo mucho que le hace falta a este México nuestro: honestidad, preparación y convicción. Estoy seguro que, como lo ha demostrado en el caso de Nestora Salgado, buscará que haya justicia y prevalezca el Estado de Derecho. El mío, hoy, es un voto de conciencia a favor de la persona que estoy seguro que hará mejor a este país.