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Criaturas (3): La escuela de Anaya

OPINIÓN

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Es hábil, es dúctil, es articulado, es audaz. Pero todas esas cualidades no alcanzarían para comprender el vertiginoso ascenso de Ricardo Anaya sin un elemento inadvertido y definitivo en su encumbramiento en la política nacional: ser el típico político subestimado.

Anaya llegó a la Cámara de Diputados en septiembre de 2012. Venía del grupo de Roberto Gil Zuarth y todos en la bancada sabían que el influyente calderonista le había conseguido la candidatura. Nadie le hacía caso. Era un diputado más.

Pero Anaya comenzó a acercarse a Luis Alberto Villarreal, líder de los diputados panistas y a Jorge Villalobos, vicecoordinador de la bancada. Era amable, astuto y adulador.

Cuando llegó el momento de elegir a un panista como presidente de la mesa directiva que conduciría las sesiones en las que se aprobarían las reformas estructurales del peñismo, Villarreal y Villalobos se reunieron con Gustavo Madero.

Le dijeron al presidente del PAN que Anaya navegaba sin rumbo ni grupo en la bancada, que ya no tenía contacto con Calderón, y que estaba preparado para ser un buen alfil en la presidencia de la mesa directiva.

Ponderaban algunas ventajas específicas: Anaya era hábil y era flexible. Con él en la presidencia, podían hacer lo que quisieran y garantizar que dirigiera las sesiones como el PRI y el presidente Peña esperaban como parte de las negociaciones del Pacto por México.

Tras esa decisión y una meritoria conducción de las sesiones, Villarreal y Villalobos comienzan a verle tamaños para ser electo secretario general del PAN en la reelección de Madero. A partir de ahí, el poder de Anaya creció. Hizo su primera gira nacional y empezó a recorrer el país y a conocer a los grupos de poder que habían apoyado el ascenso de Madero ante el calderonismo.

Todo marchaba sobre rieles. Hasta que estalló el escándalo y el país se enteró que los diputados del PAN (Villanueva y Villalobos eran las cabezas de la mafia legislativa) cobraban moches a los alcaldes a cambio de autorizarles presupuesto para obras.

Antes de ganar la Presidencia del PAN, una de las primeras promesas de campaña de Anaya fue crear una comisión anti corrupción en el partido. Lo hizo en octubre, con toda la presión de los medios ante el escándalo de los moches.

Anaya nombró a Ernesto Ruffo y Luis Felipe Bravo Mena al frente de la comisión. Les aseguró que empezarían por limpiar la casa del PAN para denunciar y acometer la corrupción del gobierno de Peña.

El año pasado ya no se supo nada de la comisión y el PAN de Anaya comenzó a exonerar a todos los diputados denunciados por cobrar mordidas a los alcaldes.

Villarreal es candidato en San Miguel de Allende y si gana suplirá a su hermano Ricardo, alcalde los últimos tres años y también parte de la banda de los moches. Jorge Villalobos y Raúl Paz –otro lord de los moches– también serán diputados por la vía plurinominal.