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Peña no quiere ser el "Zedillo del PRI"

OPINIÓN

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Dicen algunos analistas políticos, que el líder del PRI, el verdadero, claro, hará hasta lo imposible para evitar que Morena llegue a Los Pinos, porque NO quiere ser el “Zedillo del PRI”. Los mismos analistas afirman que Enrique no es como Ernesto, quien desde que ganó la presidencia de la República en 1994 no sólo se deslindó de su partido, sino que anunció que él no iba a nombrar a su sucesor y mucho menos a apoyar su campaña, lo cual cumplió al pie de la letra. Los priistas del siglo XX no supieron “ler” las señales del líder, y cuando animaron a Francisco Labastida Ochoa (el “perfecto fracasado”, como lo calificó Roberto Madrazo) para que se aventara, ya sus contendientes, Vicente Fox y Cuauhtémoc Cárdenas le llevaban una amplia ventaja que nunca pudo remontar, y menos sin la ayuda del presidente Zedillo ni del aparato del Estado, por lo que perdió la elección presidencial del 2000. Hoy, 18 años después, la historia podría repetirse, no obstante que el presidente Enrique Peña Nieto en nada se parece a Zedillo, empezando porque el mexiquense lleva la sangre tricolor en sus venas. Además, Peña ha hecho muchas cosas buenas desde que el PRI regresó a Los Pinos; gracias a su visión y habilidades políticas logró el Pacto por México, que permitió la aprobación de las reformas estructurales que le dieron y le seguirán dando al país una nueva proyección. Pero todo lo bueno que ha hecho, y haga lo que haga en los 60 días que faltan para la elección presidencial, no le alcanzará para evitar que la oposición eche nuevamente al PRI de Los Pinos, advierten los catastrofistas. Los malosos del PRI afirman que cuando el líder tomó, junto con Luis Videgaray, la decisión de dar el “dedazo” a favor de José Antonio Meade, intuía que tendría que entregar la banda presidencial a alguien que no fuera de su partido. Y si así fue, ¿por qué entonces optó por Meade y no por Miguel Ángel Osorio? Preguntan los mismos analistas bisoños. Motivos pudo haber varios, pero tal vez el más importante fue que algo le debían a José Antonio, quien había sido secretario de Energía y de Hacienda en la administración de Felipe Calderón. Seguramente también consideraron que Meade siempre ha sido un “buen muchacho”. Ah, y finalmente, aunque los bisoños dicen que fue lo más importante, que Meade no es priista, aunque compite con esa marca y patrocinio. Entonces “lo llevaron al matadero político”, apuntan los observadores. Hasta hoy todo indica que así fue. Sin embargo, faltan 60 días para que se confirmen los pronósticos de los malosos. Y nada más por no dejar, en marzo del 2012, cuando Josefina Vázquez Mota, candidata del PAN – que no de Felipe Calderón— a la presidencia de la República estaba “en la lona” y el presidente vivía ofuscado, obsesionado y atemorizado con el posible triunfo del PRI, pretendió inflar a “la flais” y engordarla con clembuterol para que subiera en las encuestas. Al mismo tiempo, circulaban en Palacio versiones dignas de todo crédito de que Felipe Calderón confesaba a sus colaboradores que no quería ser el “Zedillo del PAN” y decía que haría hasta lo imposible para que el PRI no regresara a Los Pinos. ¡Pero de nada valió!