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Lilia Soren: Un festival que murió antes de nacer

OPINIÓN

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Pocos saben que mañana arranca en la Ciudad de México el Festival Internacional de Video Arte y Música Visual, que se llevará a cabo principalmente en el Centro de Cultura Digital de la capital del país. A pesar de ser una iniciativa interesante y rica en términos culturales, el programa de actividades no tiene la suerte de otros eventos de arte en México, como la exposición de Caravaggio o la de Yayoi Kusama, pues además de que su difusión ha sido escuálida, la lista de artistas que conforman el programa resulta poco atractiva para el público en general. Si bien el programa incluye a importantes figuras del videoarte o arte sonoro como Pola Weiss, Dave Payling o Richard Hugh Blackmore (uno de los fundadores de Deep Purple), al ser la primera vez que se desarrolla en México un festival como éste, esperábamos una cartelera de videoartistas mucho más nutridas y no un programa especializado y elevado como suele pasar en el arte actual. En mi mundo ideal, la muestra hubiera incluido el trabajo de verdaderos autores representativos del videoarte y el arte sonoro, y con base en ello, enriquecer la cultura sobre estas tendencias del arte que de entrada hace falta entender en México. Y es que me pregunto: ¿cuántos mexicanos pueden responder qué es el arte sonoro o el videoarte, por qué es importante y quiénes lo iniciaron? Si en la muestra los visitantes pudieran conocer la historia de Nam Yune Paik, Maurizio Nannucci o Bill Viola, quizá podrían entender mejor cómo el videoarte fue el primer movimiento que incluyó a la tecnología en una obra y le dio movimiento e interacción como nunca antes se había hecho. O al narrar el trabajo de Luigi Russolo o Manuel Rocha Iturbide, algunos de los máximos representantes del arte sonoro, tal vez el público no especializado conocería que fue en los años 60 cuando el ruido se convirtió en un elemento expresivo y que los artistas, a manera de metáfora, empezaron a “pintar” las paredes de los museos con ruidos de la vida cotidiana. El videoarte y más el arte sonoro quizá sean las expresiones artísticas más abstractas, de difícil entendimiento y definición. Si las instituciones culturales en México no hacen un esfuerzo por traducir esa complejidad en exposiciones atractivas, sencillas y que expliquen el por qué de su existencia, los esfuerzos por difundir el arte serán en vano.