Haz tu denuncia aquí

Lo que se juega en el segundo debate

OPINIÓN

·
Para cada candidato, el debate representa cosas distintas. Para AMLO, significa ir a una fiesta en la que él es la piñata; para Ricardo Anaya y José Antonio Meade, su sobrevivencia cuando ya se han ido siete de 13 semanas de campaña; y para El Bronco… bueno, para él es seguir siendo él, contando disparates, haciendo reír, hablando de cortar manos, jalar orejas, dar azotes…   Los debates, cierto, no modifican tendencias, pero sí generan percepción. La percepción del primero, por ejemplo, fue que Andrés Manuel está muy arriba y llegó sobrado al encuentro, solo a cumplir, pero quedó tocado porque no se salió de su guion y recibió embates por todos lados; que Meade se cayó del ring porque no logró conectar ningún golpe; y que Anaya lo ganó, volvió a nacer, pero no supo capitalizar esa buena noche y transformarla en crecimiento en las encuestas.   El primer encuentro generó la percepción de que la contienda ya no se trata, como durante el primer tramo, de “cambio o continuidad”. Sacó del radar a Peña Nieto, en buena medida porque su candidato no pudo cargar la losa de 80% de rechazo al gobierno y de un partido por el que ocho de cada 10 mexicanos nunca votarían, el PRI. Para Meade el primer debate debía ser punto de quiebre y no lo fue.   La percepción que quedó, pues, es que ahora el dilema gira en torno al puntero. ¿AMLO sí o AMLO no? Andrés Manuel iba caminando tranquilo, pero el lapso entre el primer y segundo debate se situó en una posición menos cómoda que al arranque. El domingo 22 de abril se quedó corto en respuestas, dejó pasar acusaciones y en cuanto a propuestas, no logró ir más allá de la superficie. Repitió un popurrí de sus frases ya conocidas. En el postdebate no le fue mejor. Fue justo en ese periodo cuando mayor desgaste mostró en su relación con parte del sector empresarial y organizaciones de la sociedad civil.   La misma percepción, situó a Anaya en una posición inmejorable como quien podía competir con AMLO. Pero en el postdebate, la apreciación se desinfló y no logró capitalizar su desempeño en un aumento en las preferencias.   Llegamos al segundo debate con una foto que refleja que AMLO está a un paso de la Presidencia, que Anaya es bueno para debatir, pero malo para capitalizar, y que Meadenecesita un milagro.   Por eso lo que ocurra el domingo importará. Si Meade no arrasa, será un muerto que caminará de aquí al 1 de julio. Si Anaya gana, pero no hace un postdebate impecable, que incluya operaciones cicatriz, de nada le servirá lucirse una noche. Y si AMLO no cambia de estrategia, administrar su ventaja no será suficiente.   El debate deberá traer sorpresas. Los de abajo tendrán que arriesgar y echar su resto. Si alguno quiere pensar en el “voto útil” y que la contienda sea “de dos”, el momento es ahora. De otra forma, están fuera.   -Off the récord   ¿Un potente dardo tendría como blanco al puntero? Previo al debate, el domingo, quieren tener entretenido a AMLO y moverle el piso…  Si hoy fuera la elección, el 5% que marcaba en encuestas Margarita Zavala se repartiría así: 52% para Anaya; 30% AMLO; y 14% Meade. El resto, no votaría, nos dice Paco Abundis, de Parametría.