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Trump: Otra vez migración como argumento electoral

OPINIÓN

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Enfrentado con lo que algunos republicanos temen pueda ser una elección legislativa que podría llevar en noviembre a un cambio de mayoría en la Cámara baja y posibles pérdidas en el Senado, el presidente Donald Trump agita de nuevo la  idea de una situación migratoria fuera de control y la necesidad de construir un muro en la frontera con México.

Algunos creen que el renovado empuje en el tema del muro refleja la frustración del mandatario, que hizo de la propuesta un punto central de su campaña electoral y hasta ahora no ha podido convencer al Congreso de la necesidad de invertir 20 mil millones de dólares en una construcción que pocos creen tenga más utilidad que la política y electoral.

La insistencia refleja también la irritación de Trump con lo que por cualquier medida es estancamiento de propuestas de reformas migratorias en el Congreso, de las más restrictivas para la inmigración a las más recientes, como la situación de los soñadores. En cierta forma, Trump se suma así a un club de presidentes frustrados por los temas de migración -aunque normalmente por la imposibilidad de resolver humanamente el problema-que incluye a George W. Bush, Bill Clinton y Barack Obama, por sólo nombrar a los últimos. Pero la cuestión migratoria es al mismo tiempo algo que resuena con aquellos que votaron por Trump, parte por xenofobia, parte racismo y temores sobre el futuro económico, parte también por los cambios sociales simbolizados por la migración.

El uso del calificativo de "animales" para describir a los indocumentados no es gratuito.

El gobierno Trump ha logrado imponer algunas medidas más restrictivas para la migración legal, pero los resultados han sido mixtos, tanto que algunas industrias dependientes de los trabajadores migratorios resienten una reducción en la mano de obra necesaria para su producción.

Trump demandó más acciones del Congreso durante una reunión esta semana con miembros de la mayoría republicana, especialmente contra las llamadas ciudades santuario -que apoyan a los residentes indocumentados- y leyes más estrictas contra los indocumentados.

Según reportes diversos, la frustración de Trump se ha reflejado en regaños a sus colaboradores, y nuevas referencias insultantes contra los indocumentados. Para presionar, Trump propuso que el Senado se abstuviera de salir en receso durante agosto, mes tradicional de vacaciones y, este año, de inicio de las campañas electorales; al mismo tiempo, amenazó con rehusarse a firmar legislación sobre gasto público que efectivamente cerraría temporalmente el gobierno estadounidense. La creciente irritación de Trump refleja también la persistente oposición de activistas pro-migración y sus aliados demócratas que hasta el momento han logrado frustrar gran parte de las propuestas de su gobierno en ese sentido, sin que tenga muchos éxitos que mostrar en otros terrenos. Es, en todo caso, una forma de apelar a sus votantes a costa de un grupo sin voz directa en la política estadounidense.