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Gustavo Meouchi: Toro imparable

OPINIÓN

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29 de junio de 1990. Los Ángeles, California, EU. Los Cardenales de San Luis se enfrentaban a los Dodgers en su casa. Novena entrada, los anfitriones defendiendo. Un pitcher de cara redonda y lentes suda copiosamente tomándose su tiempo entre cada jugada. Frente a él, un bateador plenamente concentrado espera el lanzamiento.   No es un gran partido de posttemporada, pero lo parece por la tensión que se siente en el estadio. El pitcher lanza, y el bateador conecta la pelota. La bola sale como una bala hacia segunda, Pedro Guerrero corre y la atrapa, abate al corredor de segunda base y la manda a primera parando al bateador en un trepidante doble play. La afición emocionada, grita eufórica y los Dodgers celebran que Fernando Valenzuela, acaba de lanzar un juego sin hit ni carrera.   Esa sería la última hazaña del Toro. Día histórico para él y para el beisbol, un día con dos juegos sin hit ni carrera. Los mejores tiempos de Fernando habían pasado ya, pero el deporte le regaló esa tarde dorada a él y al mundo. Dicen que antes del partido, los jugadores de los Dodgers veían como Oakland ganaba su juego sin hit ni carrera y lo platicaban sorprendidos, entonces Fernando contestó que habían presenciado uno en televisión y tocaba jugarlo, después salió al campo y simplemente lo hizo.   Fernando Valenzuela Anguamea nació en Etchohuaquila, Sonora, el 1 de noviembre de 1960. Hijo de campesinos, tuvo una infancia humilde y creció jugando beisbol. A los 17 años fue contratado por los Mayos de Navojoa, hasta llegar a los Leones de Yucatán, donde Mike Brito lo descubrió.   Brito fue a observar a un chico a quien Valenzuela ponchó con tres strikes, así que siguió a Fernando en el juego, y recomendó la contratación. El equipo de Los Ángeles confió y se lo llevó con un contrato inicial de 120 mil dólares.   Fernando se integró al equipo titular en la temporada del 1981, no estaba previsto como abridor, pero el pitcher, Jerry Reuss, se lesionó, y el entrenador no tuvo opción: –Haz lo que puedas– le dijo. Él blanqueó ese partido contra los Astros. La Fernandomanía había empezado y él había encontrado su propia estrella. Ganó los siguientes siete juegos. La afición angelina estaba enloquecida. En el estadio de Los Dodgers se tocaba el hit homónimo de Abba en honor al novato del año, que también consiguió el premio Cy Young, que se da a los mejores lanzadores.   Se ganó un lugar en el equipo. Mike Scioscia aprendió español porque Fernando no hablaba inglés, y así se convirtió en su cátcher personal. Tras ese juego en la temporada 90, los Dodgers finalizaron su contrato. Jugó en varios equipos de las Ligas Mayores y de la Liga Mexicana, hasta su retiro en 1997.   Su carrera está llena de premios personales y reconocimientos, pero su triunfo más significativo es ser el jugador que más aficionados ha convocado a los estadios en la historia, ni Babe Ruth le gana en eso.