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Ricardo Fuentes-Nieva: ¿Un México más justo?: una ruta crítica

OPINIÓN

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México es un país donde la injusticia y la desigualdad son fenómenos profundamente arraigados. El discurso dominante desde el poder político y económico, desde hace más de 20 años, es que los grandes retos que enfrenta nuestro país se tienen que resolver con reformas económicas enfocadas a aumentar la productividad y el crecimiento mediante la privatización y desregulación, dando prioridad al mercado sobre el Estado, a lo privado sobre lo público. Después de convertir a México en uno de los países más abiertos al comercio, de ser la décimo quinta economía a nivel mundial, después de un proceso de reformas llamadas “estructurales”, el 50% de la población no tiene ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas. La pobreza y la desigualdad persisten. El país no puede seguir en el mismo rumbo, en el que una de cada dos personas vive con ingresos por debajo de la línea de bienestar. Oxfam México ha propuesto una agenda de políticas públicas contra la desigualdad económica, para iniciar un debate amplio sobre las decisiones políticas que también se pueden tomar para cambiar las cosas. En el documento México Justo: políticas públicas contra la desigualdad, exponemos un decálogo de políticas en política social, gasto en bienes públicos, política laboral, política fiscal y lucha contra la corrupción. La política social necesita un giro de 180 grados. Es claro que el esquema actual tiene muchas deficiencias. Por un lado, una falta de coordinación y objetivos claros entre los tres niveles de gobierno. Por el otro, un enfoque asistencial y clientelar donde se explota la pobreza para fines político-electorales. Por eso proponemos un sistema de protección social universal y con un enfoque de derechos. Una prioridad es tener un sistema de salud universal. Por otro lado, es necesaria mayor inversión en infraestructura educativa y de salud en las zonas con mayor marginación del país. Ello permitirá generar capacidades que permitan a todos los mexicanos tener una vida plena y con oportunidades. Aunque actualmente se destinan muchos recursos a estos rubros, en realidad el gasto es ineficiente y opaco. Un elemento clave del decálogo de Oxfam es el combate a la corrupción. Ninguna estrategia de desarrollo y combate a la pobreza será exitosa si los recursos destinados a ella enriquecen a funcionarios corruptos. Un ejemplo de la crisis de corrupción es el supuesto desvío de recursos del cual la PGR acusa al ex gobernador Javier Duarte, y que asciende a 35 mil millones de pesos. Esto sería suficiente para dar a cada veracruzano en pobreza extrema un ingreso para cubrir sus necesidades básicas por un año. Tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco Mundial han reconocido los efectos económicos y sociales nocivos de la desigualdad económica. Además, la reciente encuesta de Oxfam México sobre percepciones de desigualdad señala que nueve de cada 10 mexicanos piensan que es urgente reducir la brecha entre ricos y pobres. Como ciudadanos, es nuestra obligación exigir a los candidatos y partidos políticos retomar las demandas de la población para que México sea un país más justo. En estos tiempos electorales vale la pena que las personas que aspiran a ocupar un cargo público se tomen con seriedad el combate a la desigualdad. Para eso, el decálogo que propone Oxfam México es un punto de partida. Valdría la pena saber qué piensan.