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¿Con cuántos inmigrantes se desestabiliza México?

OPINIÓN

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El envío de agentes de la Guardia Nacional que pretende Trump debería empujar al gobierno mexicano a reconocer sus debilidades en el tema migratorio. Esto implicaría aceptar públicamente que no está preparado para dar cobijo al flujo imparable de centroamericanos, que necesita ayuda y fijar cuotas claras de asilo para atender como se merece a indocumentados víctimas de las pandillas en sus países. Porque independientemente de que México haya sido un conveniente colaborador de EU  para frenar a los migrantes —el gendarme de la frontera gringa, dirían algunos—, la verdad irrefutable es que México no tiene las condiciones sociales, legales y económicas para recibirlos. No es fácil hacer frente a un incremento del éxodo de hasta 1000% de hondureños, guatemaltecos y salvadoreños y su respuesta ha sido la deportación: alrededor de 10 mil por mes, según Gobernación. Ni siquiera cuenta con  albergues suficientes para los niños que cruzan el país (sólo en 2017 repatrió a 25 mil menores entre 0 y 17 años) y ha dejado a “hombres de buena voluntad’’ (sacerdotes y  filántropos) la atención de los adultos sin papeles, y a organizaciones religiosas como YMCA la responsabilidad de los adolescentes. Además, tiene atoradas la mitad de la solicitudes de asilo: sólo ha otorgado poco más de 7,000 de las 14, 596 que sumaba en 2017, sin contar a quienes el Instituto Nacional de Migración deporta sin el debido proceso y no da oportunidad de desahogar sus pruebas: probablemente haya enviado a más de uno al matadero. Encima tiene la persecución y repatriación de sus propios ciudadanos en EU que lo atan moralmente para hablar del tema sin tapujos y otros inconvenientes, y prioridades de atención como terremotos, huracanes, sequías, inseguridad, capos rebeldes o una corrupción tan envilecida que a los funcionarios no les importa dejar a enfermos sin medicamentos con tal de llevarse dinero público a los bolsillos. México se ha promovido como un “país de puertas abiertas’’ desde que firmó la primera convención para refugiados en 1928 y recibió a perseguidos políticos de Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia y Colombia y a algunas víctimas de los sismos de Haití, por lo que la fama lo atenaza, aunque no sean cientos de intelectuales, sino miles de pobres. Del Triángulo Norte (la región que componen los tres países centroamericanos con mayor conflicto) salen en estampida justo cuando EU les cierra las puertas (Obama y Bush también enviaron a la Guardia Nacional) y a ellos no les queda de otra que quedarse aquí para evitar el gobierno paralelo de terror que ejercen los malandrines en sus países. Luego vienen las necesidades secundarias: el empleo, la vivienda, la salud, la alimentación y la educación, que tarde o temprano tienen que atender las autoridades para nos ser candil de la calle y oscuridad en la casa. *Periodista