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¿Es la imagen un capricho?

OPINIÓN

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No es cuestión de vanidad que, en los dos debates, el de Ciudad de México y el presidencial, analistas y expertos hayamos explorado a fondo más allá del discurso de los candidatos. El lenguaje corporal y la imagen física son un reflejo de la condición emocional de la persona, cada gesto, movimiento y ademán son la llave para conocer realmente lo que sucede en su interior. No es solamente lo que dices, es cómo lo dices, cómo te ves mientras lo dices y qué traes puesto. Los primeros tres segundos que alguien te ve por primera vez son cruciales, pues crean la primera impresión, y está basada puramente en tu presentación física y se crea un juicio de valor inconsciente de aceptación o rechazo de lo que se percibe. Es primordial observar la imagen verbal y no verbal que proyectan los candidatos para poder descubrir quiénes son, de qué están hechos y sus verdaderas intenciones. Piensa la última vez que hiciste una elección, ¿qué te motivó a hacerla? Hay estudios que demuestran que mientras más estás expuesto a ver a una persona, más le encuentras el gusto, es el proceso de hacerlo familiar, por eso ves tanta publicidad por todos lados. Hay gente que atrae y gente que repele, y la influencia social siempre es un motivador importante. Lejos que la imagen política sea un tema de belleza, hay que saber que es un arma poderosa que sirve para vincularte con el grupo objetivo. Bien expresa el dicho: “una imagen dice más que mil palabras”. Si la imagen de un candidato no va de acuerdo con lo que propone su discurso, crea confusión en la mente del elector, y eso se traduce en rechazo. Si con mi discurso digo que sí, pero con mi cabeza digo que no, como hizo en repetidas ocasiones AMLO, algo no se siente auténtico; aun más, si utilizas el atril para “esquivar” los ataques, llegas desaliñado, corbata floja y a medio peinar, quiere decir que no le das la debida importancia al foro y a las personas que me te están viendo. Si parpadeas muchísimo, aunque vengas muy bien preparado y contestes excelentemente, como lo hizo Ricardo Anaya, puedo entrever que estas nervioso. Si eres una persona con experiencia, pero voz suave y tomas una pluma para enfatizar tu discurso, dejas entrever tu necesidad de un objeto de seguridad. Si como Margarita, aprietas los puños y labios, me estás enseñando que estás en tensión y es señal de ataque, sobre todo cada que le mencionan a su marido y, por último, si invades el espacio físico de los demás, subes la ceja (tipo María Félix) me enseñas que eres agresivo, directo y pasional. ¿Cuál es la fórmula perfecta para elegir a nuestro próximo presidente? Sólo observa que lo que diga y haga sea congruente. El que no sea un buen orador no quiere decir que no puede ser un buen presidente, pero no dejemos que nos mientan. Aprendamos a distinguir quién habla honestamente y quién no.