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Donde no hay ley...

OPINIÓN

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En 1979 las cárceles de México se habían convertido en universidades del crimen, en las que predominaban los autogobiernos, sobrepoblación, corrupción y la ausencia de programas para la readaptación e inserción social de los reos. Han pasado 39 años y algo hemos hecho muy mal. Los penales están igual o peor que antes. La diferencia es que en aquella época los autogobiernos eran promovidos por las “autoridades”. Hoy está en manos de grupos del crimen organizado. De acuerdo con la CNDH, en 70% de los penales de México existen autogobiernos, internos con privilegios y funciones de autoridad. ¿Y por qué tomamos como referencia 1979? Porque el pasado 5 de abril se estrenó la película La 4ª Compañía, dirigida por Amir Galván y Mitzi Vanesa Arreola, que retrata el drama carcelario del penal de Santa Martha Acatitla en la época de Arturo El Negro Durazo, jefe de la policía del DF en el gobierno de José López Portillo. Es un documento demoledor. Reconstruye la historia de Los Perros, un equipo de futbol americano integrado por reclusos que en la noche salían a delinquir por órdenes del director. Sobre ellos recaía el control del recinto, en complicidad con las autoridades. Un autogobierno conocido como La Cuarta Compañía. La cinta fue la galardonada con 10 premios Ariel en 2017. Sin embargo, a dos semanas de su estreno, la respuesta del público ha sido conservadora. Uno de sus directores, Amir Galván, cree que esto podría mejorar, pero si eso no ocurre, saldría antes de tiempo de las 300 salas que la exhiben. Y sería una pena, porque documenta un problema que se agravó en las últimas décadas. Con base en un estudio del World Justice Project, pocos son los penales exentos de anomalías. Lo mismo ocurre en Durango que en CoahuilaTamaulipas, CDMX y Nuevo León, donde los autogobiernos son controlados por el crimen organizado. El penal de Gómez Palacios, por ejemplo, fue cerrado hace unos años porque el autogobierno rebasó todos los límites, como ocurrió en los penales de Topo Chico y Apodaca, Nuevo León, donde motines, originados por disputas internas, terminaron con la vida de decenas de reos. También está el caso del penal de Piedras Negras, donde la delincuencia organizada tomó las riendas, convirtiéndolo en un centro de operaciones, con casino, salón de fiestas y talleres mecánicos. O el motín del penal de la Toma, en Veracruz, en el que siete policías murieron hace dos semanas. Botones de muestra sobran, lo que no se ve por ningún lado es la solución a este añejo problema, con todo y el tan cacareado nuevo Sistema de Justicia Penal que prometía cambios con una justicia, que ni es pronta y ni es expedita. Vamos a ver si en esta época electoral Andrés Manuel, José Antonio, Ricardo, Margarita o Jaime, traen una mejor idea para terminar con esta crisis que nos cuesta miles de millones de pesos. *** Y como dice el fillósofo… Nomeacuerdo: “Abrid más escuelas y se cerraran cárceles.”