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México: ¿Expectativas inflacionarias a la alza?

OPINIÓN

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Es preocupante que después de cinco años de haber mantenido una estabilidad de precios menor a niveles de 3% anual, en 2017 dicha tendencia se rompa para llegar a casi 7%, no sólo porque la cifra es mucho mayor a los incrementos salariales de ese año, sino porque pone a flote desajustes que pueden afectar severamente el crecimiento económico del país. Lo anterior ha obedecido a varios factores: la indefinición sobre el TLCAN; la incógnita de quién ganará las elecciones el 1 de julio; un sobrecalentamiento de la economía y su escaso margen de “holgura”; la depreciación acumulada del peso y la falta de inversión causada en parte, como recientemente lo señaló un alto funcionario de Banxico, por los altos niveles de corrupción e inseguridad en el país. Aún más, EU también ha empezado a afrontar un panorama económico en el que el fantasma de la inflación empieza a aparecer vía incrementos salariales derivados de una exceso de demanda de empleo, lo que, de confirmarse, obligaría a la Reserva Federal a incrementar sus tasas de interés en mayor magnitud y frecuencia, afectando a la economía mundial y a la mexicana, que se vería obligada a hacer lo propio, so pena de tener que enfrentar una salida de capitales que afectaría la paridad cambiaria seguida por movimientos de precios derivados de mayores costos de importación. En síntesis, son muchos los frentes por los que ataca el fenómeno inflacionario, algunos de carácter endógeno y otros exógenos, por lo que es difícil estimar la tasa que se registrará en 2018. Lo alarmante es que el aumento en 2017 pueda sesgar las expectativas de los diversos agentes económicos y que ello conduzca a mayores precios que pudieran generar crisis financieras como las que se han experimentado en el pasado, generando estragos  al país. México se encuentra, entonces, ante una grave encrucijada que exige de un delicado manejo para realinear las variables económicas desajustadas, evitando el descarrilamiento de los logros alcanzados en los últimos años y que en la actualidad caracterizan al país como una de las economías emergentes más seguras del mundo.   POR AGUSTÍN GARCÍA VILLA, Analista