Haz tu denuncia aquí

Cuestión de congruencia

OPINIÓN

·
Hemos vivido abiertas campañas de los candidatos a la Presidencia de los partidos, los vemos por doquier, y todo el día escuchamos el pregón de sus partidos. En contraste, se escucha poco a los aspirantes ciudadanos; y debiera emparejarse. Ha ido quedando claro quién es quién, y resulta que los partidatos parecen no ser tan honestos ni virtuosos como han querido vendernos. No importa lo que presuman, en tanto sus hechos confirmen que han incurrido en actos de corrupción, deshonestidad y delitos. Parecen ser muy buenos para poner por encima de sus ideales su ambición desmedida por el poder, y cuando se pensaba un remanso entre campañas, siguen dando un espectáculo de ataques sobre corruptelas y carencia de valores y honestidad, acusaciones que ninguno se ha detenido a aclarar como se debe. Meade envuelto en la irresponsabilidad del desvío de recursos de Sedesol a universidades y sistemas de radio y televisión estatales, que acabaron en empresas fantasmas. Anaya sin poder explicar sus turbios negocios inmobiliarios y un estándar familiar de vida que supera por mucho a sus ingresos, y López Obrador entrado en una crisis existencial, en la que ni él sabe si es el liberal o el conservador, el mesías perdonadelincuentes, el promotor de una constitución moral o el hombre pseudo de leyes castigacorruptos, el del Tsuru o el millonario de La Toscana. Y así seguirá la historia de estos tres candidatos, que han querido ser leones de hierro y están terminando en leones de origami, difíciles de construir, pero frágiles a más no poder. De hecho, la verdadera contienda apenas empezará cuando el INE confirme a los candidatos ciudadanos. Habrá otros en juego, a los que deben ser más vistos en los medios, para darnos la oportunidad de conocerlos más, y que se les ponga en las encuestas. Entre ellos, por cierto, solo una mujer. Margarita Zavala fue visible en su tarea de reunir firmas para abrirse paso hacia la Presidencia. Su plataforma la muestra como representante de los valores que compartimos muchos mexicanos, que con dignidad, ofendidos ante la corrupción, van con coraje y valentía ante los que diciendo servir se han servido. Una opción para aquellos que se identifican más con eso, que con sentirse los más inteligentes, como Anaya, los más preparados, como Meade, o los más puros, como López. Vendrán las campañas, y veremos cómo reacciona la ciudadanía ante el contraste entre lo dicho y lo hecho por todos los candidatos, entre lo que prometen y lo que han dejado marcado en su historia. Mi pronóstico es que lloverán ofertas, propuestas y discursos, pero los pequeños detalles harán la diferencia. La calidad moral percibida, la ambición mostrada, la aclaración de los escándalos de corrupción y de aquél que quién sabe de qué ha vivido. Diacrítico: No puede seguir siendo la ambición el principal incentivo para aspirar al poder público; ha llevado a la degradación moral, y muchos ya estamos hartos. Los principios y la congruencia exigen urgentemente su lugar; ya lo veremos.