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Fuerza de mujer

OPINIÓN

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Unas ra?pidas, otras lentas; altas, bajitas, talla grande o pequen?a, jo?venes o mayores... da igual, cuando corremos en la pista todas somos iguales. Parar correr por las man?anas, hay que organizarnos y pararnos ma?s temprano; llevar a los nin?os al colegio, llegar al parque o al gimnasio y de ahi? otra carrera al trabajo o la casa. Todas sabemos el esfuerzo que nos cuesta estar en la pista y a pesar del tiempo y las ocupaciones, seguimos corriendo, por y para nosotras. Correr no siempre fue fa?cil para las mujeres, ni como actividad lu?dica, ni en competencias. Igual que muchas actividades en este mundo de hombres, a las mujeres se nos nego? por siglos practicar este deporte. Desde las abuelas que prohibi?an correr a sus hijas porque “se te va a caer la matriz”, hasta las ideas miso?ginas y machistas del Baro?n Pierre de Coubertin, padre del olimpismo moderno, quien soli?a decir –como pensaba la sociedad de su tiempo– “la mujer fi?sicamente no es apta para grandes esfuerzos”. Para fines del siglo XIX algunas mujeres ya corri?an maratones, pero no oficialmente. Hay registro de que en 1896, una mujer llamada Melpo?mene corrio? los 42 km desde la ciudad de Marato?n hasta Atenas en 4:30 horas. Incluso despue?s de demostrar que era capaz, ella pidio? participar en el marato?n oli?mpico, pero su peticio?n fue rechazada. Para 1948, en las Olimpiadas de Londres, la holandesa Francina Elsje Blankers, conquisto? cuatro medallas en carreras de velocidad y ante la hazan?a, la prensa de la e?poca no atino? ma?s que a llamarla la “ama de casa voladora” porque era madre de dos nin?os. A partir de 1960 las mujeres pudieron correr oficialmente distancias mayores a 800 metros. Para la historia quedaron las fotografi?as de Kathrine Switzer, corriendo en Boston, mientras Jack Semple, el organizador, la jala y la empuja para sacarla del Marato?n. Era 1967 y Kathrine no se rindio?. Su carrera cambio? ideas sobre las “limitaciones” de las mujeres y fue la primera mujer oficialmente en esta competencia, hasta entonces exclusiva para hombres. En los Juegos Oli?mpicos de Me?xico 1968 por primera vez una atleta cargo? la flama oli?mpica: Norma Enrique- ta Basilio de Sotelo, heroi?na mexicana conocida como Queta Basilio. Pero fue hasta 1984, en Los Angeles, donde las mujeres corrieron oficialmente el Marato?n oli?mpico. A todas ellas, pioneras, igual que otras mujeres que han luchado y luchan cada di?a por la igualdad de ge?nero y de oportunidades: desde las sufragistas de principios del siglo 20 que lograron el voto femenino, hasta Malala que hoy lucha por el derecho de las nin?as a la educacio?n o las africanas por erradicar la ablacio?n femenina, en todo el mundo millones de mujeres luchamos diario y en todos los a?mbitos por desterrar la persistente violencia, la discriminacio?n y la desigualdad que au?n parece una meta lejana. Tenemos que apretar el paso porque, mujeres al fin, algu?n di?a llegaremos a esa meta.