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Lilia Soren: Cristo crucificado otra vez

OPINIÓN

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Es 1965 y un avión de guerra con la bandera estadounidense vuela sobre cielo vietnamita. En su fuselaje carga la imagen de un Cristo crucificado, con palmas y pies ensangrentados que todos conocemos. Es la imagen de la invasión. El autor de esa pieza es León Ferrari, el artista blasfemo, como lo bautizó el papa Francisco. Prestigiado argentino que falleció en el 2013 y concentró parte de su material a la crítica religiosa. Su obra más polémica fue La civilización occidental y cristiana. Una pieza donde Cristo vuela sacrificado sobre el bombardero, en una posición amenazante que retrata la histórica hostilidad de Occidente. La obra evidencia las dos invasiones coloniales más grandes: la del cristianismo y la del capitalismo. La religión y el arte siempre han estado unidos. Incluso para el renombrado crítico E.H. Gombrich, uno no existiría sin el otro como lo conocemos hoy en día. Su argumento se basa en que la pintura no habría alcanzado tal grado de popularidad y avance técnico sin el uso propagandístico que le dio la Iglesia católica a la imagen de Cristo y la Virgen. Además de la crucifixión en una aeronave, Cristo ha sido protagonista en obras del arte bizantino, renacentista, surrealista y abstracto. Sin embargo, en el arte actual, el número de piezas con temáticas religiosas han disminuido de manera drástica. A ello se le suma que, hoy, la imagen de Cristo y la Iglesia es representada bajo la crítica y sátira, lo cual nos revela que esa relación intrínseca entre el arte y religión parece inconexa, concluida, incluso adversaria. Dicho cambio es una de las evoluciones más claras en el arte contemporáneo. Así como Ferrari, en la época actual es común y menos escandalosa dicha hostilidad en nombre del arte frente a la religión. Irónicamente, muchos de los artistas modernos fueron inspirados por obras de Masaccio, Miguel Ángel o Da Vinci, quienes lograron su maestría pictórica gracias al cristianismo. En plenos días santos vale reflexionar el dilema del arte y la religión. Por un lado, gracias a la estrategia del papa Gregorio El Grande de usar imágenes en las iglesias, hoy podemos disfrutar excelsas obras y una extraordinaria evolución de la técnica. Por otro lado, dicha estrategia para dominar a los iletrados a través del arte, fue un instrumento de invasión, como lo reflejó Ferrari en su obra.   Lilia Soren