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Agustín Gómez Barrios: El norteamericanista

OPINIÓN

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Los jóvenes en EU tomaron el liderazgo en búsqueda del cambio social. En México, la población entre 18-29 años definirá la elección. Falta que encuentren su voz   La enésima matanza escolar en EU finalmente desató un movimiento en contra de las armas de fuego. Lo interesante es que los que lo lideran están en edad escolar. Su autenticidad choqueó al mundo, al igual que su capacidad de comunicarse.   En México, aunque han sido los más afectados, los jóvenes no han encontrado su voz. Parte de la razón es que el mecanismo de protesta en este país está muy desgastado. Desde los años 90, grupos de interés han secuestrado este mecanismo para chantajear al Estado mexicano, haciéndole daño a la sociedad en general.   Pero parte es que hay un desgaste de hartazgo generalizado. Vivir constantemente en el grito indignado tiene la consecuencia contraria a la intención: chotea el debate nacional de la misma manera que una bocina se estropea cuando se le sube demasiado el volumen.   En su último número, The Economist dice que los jóvenes tienen la virtud de no actuar de manera egoísta porque no siempre serán jóvenes. Su punto es que cuando se vuelven activistas, los jóvenes de hoy abogan por los intereses de los jóvenes de las generaciones posteriores, también. Cita el ejemplo de un Estados Unidos que salió de su desánimo con la democracia después de la Guerra Civil y de la Reconstrucción gracias a una nueva generación que impulsó el voto universal y los cambios a las políticas sociales que redujeron la desigualdad.   Desde la perspectiva político-social, ¿para qué sirven los jóvenes? Para bien, no tienen las ataduras del pasado, de tal manera que pueden ser más valientes e iconoclastas. No tienen intereses fijos, por lo que pueden pensar de manera idealista y promover temas sin defender el statu quo. Para mal, no tienen el cúmulo de experiencias que pueden sustentar una sabiduría colectiva.   En el caso de México, los jóvenes no recuerdan los años catastróficos del echeverrismo y el lopezportillismo (la “docena trágica”). Entonces, pueden ser más propensos al canto de sirenas con promesas de dinero fácil sin sustento. En el caso de Estados Unidos, fue- ron los hijos de la generación que luchó contra la el fascismo racista en la Segunda Guerra Mundial, quienes le extendieron la alfombra roja a eso mismo en las elecciones de 2016.   No hay nada inherentemente bueno o malo en la participacio?n de la juventud en los procesos político - sociales. Para cada “revolución de terciopelo” hay una revolución bolchevique. El truco está en alentar el idealismo, catalizar el derrumbe de los intereses creados que obstaculizan el progreso, y fomentar la inclusión. Por el momento, los jóvenes  floridanos que están liderando el esfuerzo en contra de la violencia de las armas de fuego son un ejemplo para EU y para el mundo. Algo similar, sustentado por propuestas claras de políticas públicas, valdría mucho la pena para México en este proceso de 2018.   Agustín Gómez Barrios *Presidente de la Fundación Imagen de México, y conductor de ADN40 News