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La diferencia política de 20 años

OPINIÓN

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Hace 20 años la mayoría republicana en la Cámara baja del Congreso de EU promovió un juicio constitucional contra  el Presidente Bill Clinton por mentir a un fiscal Especial, respecto a su relación con la entonces practicante Monica Lewinsky. El escándalo y la controversia consumieron por meses los trabajos y la atención del gobierno y el aparato político del país, azorados en alguna medida por la humillación al mandatario y lo que a muchos pareció un exceso en la acusación y el intento de castigo. Muy al margen de lo que ocurrió entonces y cual habría sido la reacción en los momentos actuales, hay un contraste político brutal con lo que ocurre en la actualidad. Hoy, la mayoría republicana en el congreso no parece tener problemas con las falsedades, semiverdades o malentendidos de todo tipo que suelta el presidente Donald Trump por designio, por descuido o por ignorancia. Hace 20 años se declaraban indignados por el espec- táculo de un Presidente que rebajaba la dignidad del puesto al ser obligado a declarar sobre sus intimidades y responder las acusaciones de faltas sexuales de varias mujeres: Paula Jones, Juanita Broaddrick y Kathleen Willey. Las acusaciones contra Clinton no llegaron a juicio penal, pero sus mentiras al fiscal sobre su relación con Lewinsky llevaron a un juicio político para impugnación constitucional que fue rechazada por el Senado. Los detalles del caso fueron ampliamente difundidos y el expediente convenientemente filtrado por la oficina del fiscal especial nombrado para el caso, Kenneth Starr, un prominente jurista de ideología conservadora. Trump enfrenta tres casos separados de mujeres que dicen haber tenido relaciones con él, o haber sido hostigadas sexualmente durante una relación laboral, y en los tres casos ha tratado de hacerlas callar por medios legales. Ahora no hay indignación de la mayoría de los republicanos o de sus bases religiosas, especialmente evangélicos. Y no porque haya una actitud más liberal, sino porque esta vez es "su" Presidente, el que trata de complacerlos. El mandatario se hizo fama de "playboy", y al margen de sus matrimonios mantuvo una serie de relaciones más o menos publicitadas, pero también, de acuerdo con sus características personales, hizo que sus relaciones firmaran acuerdos de secrecía —a los que también ahora trata de sujetar a sus colaboradores en la Casa Blanca—. Cierto, las motivaciones de Stormy Daniels, la actriz pornográfica que aceptó 130 mil dólares por callar respecto a un affaire con Trump en 2006; la ex modelo de Playboy, Karen McDougal, que recibió 150 mil dólares de la revista National Enquirer —propiedad de una empresa dirigida por un amigo de Trump— para un relato sobre su propia relación con él en 2006, que nunca fue publicado. Un tercer juicio fue iniciado por Summer Zervos, quien fue concursante en el programa El Aprendiz y afirma que Trump la manoseó y besó sin su consentimiento. Hay 20 años entre los dos escándalos y las condiciones son distintas, pero también la actitud de los otrora defensores de la moral pública.