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Para ser feliz, la receta anti vernácula de Nora Huerta

OPINIÓN

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Antes de que el tema cause extrañeza, huelga decir que hoy es el Día Internacional de la Felicidad, acorde con la ONU. Ese escurridizo estadio emocional que parece vivir fuera del presente, pues la mayoría de las veces o nos recordamos muy felices en algún momento ya extinto o esperamos a mediano plazo por fin serlo. Pero, ¿dónde aprendemos, inicialmente, las claves de la felicidad; de dónde sacamos los referentes de lo que es ser feliz?   Jugando a resumir un tema de tan profundo calado, apostemos a desmenuzar una de las principales vetas de la educación sentimental: la música. Particularmente, la música mexicana. Entre baladas, boleros y creaciones vernáculas, los mexicanos aprendimos a ser felices o, mejor dicho, aprendimos el valor de la infelicidad como penitencia hacia el culposo mérito del bienestar.   Úlceras de dolor, orgulloso y sabrosón, hemos cultivado en nuestro ADN emocional desde las primeras letras que aprendimos de José Alfredo Jiménez Juan Gabriel, y en las interpretaciones de Lola BeltránLucha Villa y una lista interminable que pasa por boleristas, tríos norteños, baladistas y un largo listado de azotados. Derivado de siglos y siglos de destilar el modelo medieval del amor cortés (donde, describió el filósofo suizo Denis de Rougemont, el sufirmiento es la sal del amor), conseguimos nuestra propia versión de la felicidad a punta de padecer.   Aunque no todo está perdido, y en este Día de la Felicidad, dar a conocer uno de los múltiples antídotos (junto con la terapia, la meditación, el yoga o el tener un perro) es menester. La actriz, escritora y dramaturga Nora Huerta, una de mis cuatro queridas Reinas Chulas, ha montado una obra de su autoría que nos invita a reeducarnos sentimentalmente: Paloma QuéHerida, juego de palabras en alusión a la canción-monumento a la autoconmiseración de José Alfredo. A golpe de prosopopeyas, Nora hace que una pajarita –de las que leen la suerte en las ferias y mercados¬– cuente historias del maltrato emocional y físico que viven las mujeres en sus relaciones amorosas, y las adereza con el humor del cabaret y la sátira política de la carpa. La puesta tiene una clara, mas no literal, intención emancipadora: a fuerza de ridiculizar los comportamientos codependientes, aprehensivos y de baja autoestima, aprendidos (y aprehendidos) de la música vernácula, propone buscar una nueva forma de relacionarse: libre y voluntariamente, donde el dolor no sea pasaporte al bienestar ni la violencia, aduana de la felicidad. Paloma QuéHerida es una puesta temporal en el Teatro Bar El Vicio, que estará de manteles largos festejando los 20 años de Las Reinas Chulas, y aunque el sábado terminó esta temporada, seguramente si se lo sugerimos a Nora HuertaMarisol GaséAna Francis Mor y Cecilia Sotres, podrán reprogramar otra dosis de reeducación sentimental. Feliz Día de la Felicidad.   CLAVES ¿Qué diría el Benemérito de las Américas, a quien mañana recordamos  por su natalicio, de conocer que el auto denominado primer juarista y promotor de la austeridad republicana, se alió con el partido cristiano-evengélico, para buscar ser Presidente? La Guerra de Anti Reforma se aproxima.   Hugo.corzo@heraldodemexico.com.mx @hugo_corzo