Haz tu denuncia aquí

Eduardo Sadot-Morales Figueroa: Marco, estudiante de la UNAM desaparecido, ejemplo de multirreflexión

OPINIÓN

·
Marco Antonio Sánchez, el estudiante de 17 años de la UNAM, que fue detenido por policías de la CDMX, lleva a múltiples reflexiones. Primero, las redes sociales y los medios electrónicos se desbordaron especulando y adelantando juicios, satanizando y linchando a policías y autoridades, se les acusó, sentenció y juzgó. Se convocó a manifestaciones, se vinculó al tema de los 43 de Ayotzinapa y dio la impresión de que estaba implementada una estrategia para generar un movimiento en la UNAM, previo a las elecciones, detonador incendiario y desestabilizador en la población universitaria, primero, y en el país, después. La demanda de unos padres y estudiantes solidarios detonó una campaña en redes sociales para dar con el joven. Circularon videos donde se exhibía a policías presuntamente golpeándolo, se dijo que fue sometido por haber corrido a requerimiento de los policías; después los oficiales declararon que al no encontrar motivos para presentarlo ante el MP, lo dejaron en libertad; después se supo que intentó agredir a alguien en una taquería, y luego se supo que fue localizado golpeado y desorientado como consecuencia de la presión de redes sociales, y luego puesto en libertad. Las dudas que permanecen son, de entrada, si los policías lo golpearon hasta causar- le daños y, como consecuencia, perdiera memoria, identidad y ubicación. También persiste la incertidumbre sobre si sería consumidor de drogas y cuál era su conducta y convivencia en su entorno social. No obstante haber sido detenido por la policía, primer punto a esclarecer, es conveniente saber su historial académico para que arroje luces sobre su comportamiento. Es inaceptable detener a alguien, sin señalamiento expreso o sin haber cometido ninguna falta. El deterioro de la imagen de la policía y la desconfianza de la sociedad en sus cuerpos policiacos no contribuyen a esclarecer los acontecimientos. Pero también el linchamiento de las redes sociales en poco o nada contribuyen a conocer la verdad. Si, como dicen los policías, lo dejaron en libertad al no encontrar ningún motivo para remitirlo a la autoridad, si después fue golpeado por delincuentes y despojado de sus pertenencias, entonces no fue la policía. O si hubiese sido consumidor de drogas y como consecuencia lo golpearon, y ello causó la desorientación que presenta, o si su consumo le ocasionó la desorientación sin haber sido asaltado, los policías no tienen la culpa y tampoco es justo lincharlos. Todas son especulaciones. También puede sucederle a nuestros hijos, familiares o conocidos. Sé de casos que perdieron a su padre: en un caso nunca lo encontraron, y en otro lo halla- ron después de dos meses de muerto. Su cadáver era utilizado en una escuela de medicina para disecciones didácticas. Urge aclarar para no ser injustos ni con el joven ni con los policías.  
PROFESOR DE LA UNAM