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Meade: certezas y dilemas

OPINIÓN

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El equipo que acompañará a José Antonio Meade –59 tecnócratas y políticos de distintas regiones y corrientes– es el más amplio y plural que se haya alineado alrededor de un candidato priista. Si en anteriores destapes los adversarios vencidos en la pelea por la candidatura se distanciaron de la campaña (Manuel Camacho es quizá el ejemplo más claro), ahora Miguel Osorio Chong, principal rival de Meade, forma parte de un esfuerzo que en todos los casos tiene como propósito ganar votos urgentes para el ex secretario de Hacienda. La lista de colaboradores anunciada ayer en el campamento de Meade deja algunas certezas y dilemas por resolver. La más relevante es que la ratificación de Aurelio Nuño en la jefatura de la campaña confirma una línea narrativa y una estrategia trazadas en sintonía con Los Pinos, en donde el presidente Peña continuará cumpliendo el papel de mariscal de campo de la campaña priista, a través de Nuño, el favorito de Peña para alcanzar la candidatura. Si el presidente sacrificó a su amigo para postular a Meade, ahora Nuño representa los ojos y los oídos y el pensamiento de Los Pinos en el cuartel del candidato a la presidencia. La segunda certeza, derivada del primer punto, es la decisión del Presidente Peña de hacer todo lo posible, dentro de los límites que la ley le permita, para evitar que Andrés Manuel López Obrador gane la presidencia. La confirmación de Eruviel Ávila como número dos de la campaña representa importar el modelo de la campaña del Estado de México, donde la oposición denunció una elección de Estado fundada en la entrega de tarjetas con dinero, compra de votos y uso electoral de los programas sociales. Aquí entran en juego dos dos veteranos operadores: Augusto Gómez Villanueva y Enrique Jackson. Los dos conocen como la palma de sus manos las estructuras internas que soportan el voto duro del partido. La tarea de Gómez Villanueva es crucial para frenar la fuga del voto campesino hacia Morena. Jackson y el viejo priista de 87 años saben de la existencia de irrupciones y defecciones importantes en las estructuras de operación clientelar que podrían colapsarse en esta elección. Saben que cada vez es más difícil convencer a los núcleos de poder (como Antorcha Campesina) de que voten por el PRI. El dilema más importante de Meade será hacer una campaña limpia y legal o una campaña sucia y legal. Él sostiene que no utilizará recursos validados por la autoridad como la entrega de tarjetas con dinero a los electores. ¿El PRI se dará el lujo de renunciar a estos recursos que bailando en el filo de la ley le han permitido ganar elecciones como en el Estado de México? Meade puede ser honesto cuando dice que no quiere hacer trampa. Lo que no sé es si el candidato tenga margen de negociación en las artes –dijo el presidente Peña– de encarar la elección en el filo de la ley.