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Batalla voraz entre California y la Casa Blanca

OPINIÓN

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Algunas señales de guerra civil de baja intensidad se observan en las últimas horas en California. En respuesta a la rebeldía del estado para cooperar en expulsar a los indocumentados, la Casa Blanca se encarnizó en Los Angeles -cuna, epicentro y símbolo de la lucha inmigrante- y mandó a sus más duros agentes a cazar sin papeles. “Sí, lo hizo’’, dijo la Oficina de Control y Administración de Aduanas( (ICE), ICE en segunda persona)y advirtió: “ICE lo seguirá haciendo en ciudades que no cooperan’’. En respuesta indirecta, legisladores en el capitolio local revivieron la campaña Yes, California que busca firmas de apoyo para que se lleve a votación una propuesta para independizarse; pues consideran que las políticas de confrontación de Trump no hacen más que entorpecer su economía y estabilidad social. Y cómo no: cualquier ataque contra cualquiera de los 2.3 millones de indocumentados que hay en el estado repercuten de una u otra manera en la vida emocional, política social y económica de otros 15.5 millones de "latinos’’ (principalmente mexicanos) que viven en el estado, hijos, parientes, amigos de una diáspora. El mismo presidente del Senado estatal, Kevin de León, hijo de una guatemalteca que emigró sin papeles fue quien empujó la ley SB54, aprobada el año pasado, que le dio a California el estatus de santuario’, es decir, que sus policías no pueden preguntar a nadie por el estatus legal ni cooperar con la Migra para hacer redadas. Esta ley es parte de las 11 medidas que ha avalado el gobernador Jerry Brown a quien la administración de Trump acusa de hacerla gastar más dinero para cumplir con sus políticas antiinmigrantes. Brown ha sido uno de los aliado de la comunidad migrante hasta el derroche emocional (ha visitado a la Virgen de Guadalupe y usado su imagen en campaña), pero no ha sido por gusto, sino porque no tiene de otra: los hijos de esos migrantes que desprecia Trump han crecido, se han adaptado al sistema y lo han hecho crecer. California es actualmente la séptima economía del mundo, La Meca de la Revolución Tecnológica, potencia en la industria del cine, del vino, de las exportaciones y ha sido, en parte, gracias a la frontera de 230 kilómetros que comparte con México, a la mano de obra indocumentada y a los talentos de las siguientes generaciones que hoy se visibilizan en Estados Unidos por sus apellidos: Rodríguez, López, Lara, Barreto, Solís… Mal haría cualquier californiano en no cooperar con esta realidad, aunque sea con presión política como el legislador Louis Marinelli, autor de la iniciativa independentista que busca con 366 mil firmas llevar su propuesta a votación en el parlamento de Sacramento para 2020 y, de ser aprobada, se establecerá un referéndum para votación en mayo de 2021. Dados los escenarios, es evidente que California está en una afrenta abierta por defender su identidad cuyo desenlace lo determinarán las mejores armas en EU: las leyes y el cumplimiento de éstas. *Periodista