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Nuevos desafíos en Siria

OPINIÓN

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La crisis en Siria, que estalló en marzo de 2011 como lucha por la dignidad y la reforma política, se ha prolongado de forma trágica porque las fuerzas revolucionarias no sólo han tenido que enfrentar la barbarie del régimen, sino deshacer los nudos de injerencias y alianzas extranjeras. Una nueva confirmación es la invasión militar de Turquía en la provincia de Afrin, a más de una semana. Para el presidente turco Recep Erdogan, el objetivo de esta ofensiva violatoria del espacio aéreo sirio es “limpiar la zona de organizaciones terroristas kurdas. Ésta se produjo luego que Washington anunciara la creación de una fuerza fronteriza de 30 mil miembros, incluidas las Fuerzas Democráticas Sirias y Unidades de Protección del Pueblo Kurdo YPG, que expulsaron al Estado Islámico del norte de Siria el año pasado. Junto con Kobane y Qamichli, Afrin es uno de los cantones de la Federación Democrática del Norte de Siria. Se libró de los yihadistas y del régimen de Damasco, pero permanece aislado del resto de la capital del Kurdistán sirio, Rojava. Afrin es un mosaico de pueblos: los kurdos viven allí con árabes, asirios y turcomanos, recientemente 20 mil yazidíes se establecieron. Cientos de miles de refugiados de toda Siria han encontrado por años seguridad en Afrin. Las muertes civiles por ataques aéreos del ejército turco continuaron en vísperas del Congreso Nacional de Diálogo Sirio, en Sochi, que convocó Moscú para discutir un acuerdo político que luego pueda ser adoptado en el marco de las negociaciones en Ginebra. Turquía y Rusia mantienen canales militares de inteligencia y presidenciales; y la operación militar turca en Afrin contó con apoyo tácito de Moscú. Pero el frágil equilibrio entre Ankara y Moscú puede revertirse por la autonomía kurda (Rusia insiste en incluir a los kurdos en la solución de la crisis siria) y por la posibilidad de que militares turcos entren más en territorio sirio en su guerra contra la autonomía kurda, y decidan quedarse.Asad insiste en ser legitimado en el exterior y persuadir que lo bueno para el régimen lo es para el Estado, además de permanecer inmóvil frente a las violaciones de su soberanía territorial por parte de Turquía (como lo hizo frente a violaciones de Israel, incluso en tiempos de calma interna como en 2004 y 2007).  Esto no sorprende, pues el régimen sirio ha violado la soberanía de su pueblo cuando sus servicios secretos facilitaron, desde una lógica sectaria, la infiltración de grupos paramilitares de Irak, Yemen e Irán, para combatir a los manifestantes que exigían el fin del autoritarismo. Parece que a Washington una vez más le comieron el mandado, y que sigue actuando con una agenda turbia basada en suposiciones erróneas, maniqueas y condescendientes. A casi ocho años de la sublevación en Siria, es patente la imposibilidad de reconciliar los intereses de la dinastía Asad con los de la oposición, como inverosímil alcanzar una democracia en Siria preservando los intereses de terceros países con agendas de seguridad tan contradictorias, cortoplacistas y mezquinas, y alianzas tan oportunistas y conflictivas.