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Tendremos mal recuerdo de 2018

Terminamos profundamente decepcionados por Donald Trump, quién dedicó el año a abrir frentes

OPINIÓN

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El 2018 finaliza con una sensación general del hartazgo y cansancio por la política internacional. Ni la Copa Mundial de Futbol de Rusia, a mediados del año fue suficiente para olvidarnos de la desgastante agenda internacional. Terminamos profundamente decepcionados por Donald Trump, quién dedicó el año a abrir frentes para demostrar que EU puede imponer sus reglas al resto del mundo. Los ajustes en los tratados de libre comercio con Corea del Sur, México y Canadá, la guerra comercial contra China, las peleas constantes con la Unión Europea y la OTAN han desgastado más de una alianza estratégica y han puesto en duda el crecimiento de la economía mundial en los años venideros. Además, los intentos de Trump de acercarse a Rusia, su fascinación por el dictador norcoreano, y su amistad con el príncipe heredero de Arabia Saudita –que ordenó el brutal asesinato del periodista Jamal Khashoggi–, han tambaleado los cimientos de la política estadounidense. Los movimientos que cuestionan el orden existente se han apoderado no solamente de EU. En el hemisferio occidental los populismos de izquierda y de derecha ganaron, respectivamente en las elecciones presidenciales en México y Brasil. En Rusia y Turquía se afianzaron Putin y Erdogan, dos políticos que desde hace algunos años están dando un giro autoritario preocupante a sus países. Asimismo, en Europa occidental –considerada cuna de la democracia– entraron a los gobiernos y a los Parlamentos los partidos que en el pasado se encontraban en el margen de la vida política. Destacan los casos de Italia, Alemania y Suecia. A todo ello se suma Gran Bretaña, que a pocos meses del Brexit sigue sin definir claramente su futuro fuera de la Unión Europea. No cabe duda de que los ciudadanos decepcionados de la política tradicional han apostado en 2018 por movimientos y partidos que prometieron solucionar los problemas económicos y sociales. En este contexto, destaca la fortaleza de las redes sociales, que se han convertido en el canal favorito de comunicación de nuevos políticos con su electorado. Vimos usar esta herramienta por los ciudadanos para expresar sus frustraciones y organizar movilizaciones en contra de quienes no cumplen con sus expectativas, como los “chalecos amarillos” en Francia. Finalmente, el escándalo de la británica Cambridge Analytica, que intervino en campañas electorales de EU y otros países, demostró hasta dónde puede llegar la manipulación vía redes sociales. 2018 no pasará a la historia como un punto que marcó el inicio o el fin de una época. Será recordado como un año más en la transición hacia un mundo fragmentado e imprevisible, donde nos alejamos cada vez más de los valores democráticos. Lo digital ya es un elemento crucial –para bien y para mal– en esta transformación.  

Profesora de Relaciones Internacionales Tec de Monterrey

@beatawojna