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Promesas, mentiras y videos

La mentira revestida de compromiso es una falta hacia la confianza depositada en quien la formula

OPINIÓN

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Las promesas son compromisos cuya verdad reside en su cumplimiento. Una promesa incumplida falta al compromiso adquirido. La mentira revestida de compromiso es una falta no hacia la verdad de ese contrato verbal, sino hacia la confianza depositada en quien la formula. Una promesa incumplida a sabiendas que su cumplimiento no era posible o, en todo caso, contraída sin todos los elementos a la vista para efectuarla, es un engaño premeditado. En todos los casos la simulación exhibe una deshonestidad de fondo. La honestidad no se reduce en absoluto a los ingresos recibidos en el ejercicio de la función pública, se expresa sobre todo en el cumplimiento de la palabra dada, en el compromiso adquirido, en la exigencia personal que opera como aval del contrato firmado en las urnas. Rebajar la honestidad al monto de un salario es deshonesto o, en el mejor de los casos, ignora qué es la honestidad. Desplegar una campaña política a partir de la honestidad desconociendo su significado es falsear no ya la propuesta, sino las promesas mismas: una manipulación. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador falta a las promesas sabiendo de antemano que no podía cumplirlas. Las medias verdades son más nocivas, incluso, que las mentiras porque invitan a una esperanza cancelada desde el principio. Éste es un Gobierno de medias verdades y mentiras flagrantes que ya empieza a mostrar su discurso en lo inmediato para sortear el incómodo presente. Responsabilizar al anterior gabinete del incumplimiento en la actualidad de los compromisos adquiridos es previsible, pero no oculta el fraude sobre el que se levanta la estrategia. Morena ocupa el Ejecutivo, pero actúa como si estuviera en la oposición. No es responsabilidad de los gobiernos anteriores que el actual no pueda realizar las promesas que hizo durante la campaña: bajar la gasolina, retirar al Ejército de las calles, aumentar el presupuesto destinado al campo, crear una nueva policía que dé certeza y seguridad a los mexicanos, combatir la corrupción de alto impacto, construir un nuevo aeropuerto, crecer al 4%, etcétera. Estas promesas a día de hoy se antojan delirios, como sabían desde hace meses López Obrador y su equipo. No les importó mentir, ni engañar, ni falsear la realidad real a cambio de recibir los votos necesarios para la 4T. De momento la cacareada transformación es la del papel de la Constitución, cada vez más alejada del sujeto constituyente. Sin importar la indisimulable deshonestidad del programa y del gobierno de Morena, algunos seguidores abdican de su ciudadanía a condición de enfatizar su fanatismo: un flaco favor para los mexicanos y para López Obrador. El ambiente de polarización no se debe a los conservadores, como pretextaba Andrés Manuel para ausentarse del funeral del matrimonio Moreno Valle, sino al discurso del odio promovido desde su campaña. López Obrador no asistió a los funerales porque no podía, porque su discurso lo desautorizaba, porque empieza a cosechar algo de lo sembrado.  

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@camacho_jorge