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Del poder y sus límites

La tradición en México es que al ser electo, el Presidente pasa a ser fuente de sabiduría y todopoderoso

OPINIÓN

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Cuenta la historia que allá por el siglo XI hubo un rey en Inglaterra que resultó tan capaz para la guerra como sabio para gobernar. Se llamaba Canuto y hoy algunos lo conocen como Canuto el Grande. Canuto era poderoso. Tanto que fue rey de lo que entonces eran Inglaterra, Dinamarca y Noruega. Y como tal, era el centro de su universo y por tanto objeto de una cortesanía desbocada. Las historia es probablemente apócrifa, pero se dice que cansado de tanta lisonja, Canuto hizo llevar su trono a la orilla del mar y sentado ahí ordenó a las olas detenerse. La marea, por supuesto, no hizo caso de sus repetidas órdenes, lo que aprovechó Canuto para recordar a su Corte las limitaciones del poder. Podría alegarse que la historia fue relatada con fuerte acento religioso y el conveniente mensaje de la Iglesia católica. Pero la moraleja esencial está ahí: hay límites. A veces, cuando empiezan los gobiernos y muy especialmente aquellos que inician con mandatos populares, hay la sensación de omnipotencia, de que todo puede hacerse si se ejerce la mayoría y que nada ni nadie puede interponerse en el camino del victorioso. Nada, por supuesto, excepto la realidad. La tradición en México es que al ser electo, el Presidente pasa a ser fuente de sabiduría y todopoderoso, aunque no pueda controlar el clima, la ley de la gravedad o las leyes económicas. Así, quizá, sería oportuno que el gobierno entrante empezara a reconocer las características del terreno donde está y a partir de eso buscar cómo aprovecharlas, en vez de estrellarse contra paredes o entrar a ciegas en campos minados. Mario Delgado, líder de la mayoría en la Cámara baja, asegura que 30 millones de mexicanos no pueden estar equivocados, pero ése era un lema comercial cervecero en los años 50 cuando los mexicanos éramos 30 millones. 70 años después somos 120 millones y el país es otro. Mucho más rico, pero tanto o más injusto, inseguro y dividido entre sus aspiraciones y sus lastres. La semana pasada, el inefable senador Ricardo Monreal exhortó a los empresarios a no intranquilizar a los mercados, luego de la muy debatida decisión de cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México. Político de muchos años, más de los que tienen Morena y sus componentes inmediatos, tal vez Monreal no recuerde un detalle: los empresarios son los mercados y al soliviantar a unos, intranquiliza automáticamente al otro. La mayoría se impone en las democracias, incluso en una tan imperfecta como la nuestra. Pero no implica dictadura ni ignorar a los bien llamados factores de poder real o la existencia de una oposición. Morena, el Movimiento de Regeneración Nacional, todavía es eso, un movimiento que debe coalescer en un partido. Por lo pronto, la Cuarta Transformación parece del Partido Nacional Revolucionario al Partido de la Revolución Mexicana al Partido Revolucionario Institucional (PRI) y ¿Morena?  

JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX

@CARRENOJOSE1