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Camila Gómez: Crónicas de una vista nublada

Trump parece convencido que una orden ejecutiva es suficiente para desnudar de su nacionalidad a quienes nacieron en territorio estadounidense

OPINIÓN

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Para Donald Trump, "make America great again" es un compromiso para impulsar la economía del país y ofrecer la mejor calidad de vida posible a sus ciudadanos. El problema radica en que su concepto de grandeza está cargado de separatismo y exclusión, y para alcanzarlo existe un fuerte daño colateral. Con las elecciones intermedias a la vuelta de la esquina, el Presidente está dispuesto a meter mano en las actas de nacimiento de los ciudadanos estadounidenses. Para justificarlo aseguró que la realidad con la que se ha conformado Estados Unidos es ridícula. Ante esta premisa brota su intervención, un intento casi heroico que busca revertir la ley, mientras se mantiene completamente desentendido de sus efectos. ¿La estrategia? Conseguir votos conservadores antiimigrantes en la próxima contienda electoral. Para hacer frente a uno de los fenómenos migratorios más fuertes en la historia de Estados Unidos, Trump se escuda detrás de lo que se le informa y lo que no. Sonriendo, parece convencido que una orden ejecutiva es suficiente para desnudar de su nacionalidad a quienes nacieron en territorio estadounidense, por el simple hecho de ser hijos de migrantes. Con certeza, el Presidente afirmó que la ciudadanía por nacimiento solamente se garantiza en Estados Unidos. No podría estar más equivocado. De acuerdo con el CIA World Factbook, alrededor de 35 países se atienen al jus soli o el derecho al suelo. Por ello conceden la nacionalidad a quien haya nacido en su territorio y bajo la jurisdicción correspondiente, sin tomar en cuenta la ciudadanía, nacionalidad o condición migratoria de los padres. ¿La intención detrás de este principio? La integración efectiva de extranjeros a la comunidad. Para desaparecer la ciudadanía por nacimiento e implementar el principio de jus sanguini (el cual considera la ascendencia para otorgar la nacionalidad) se necesita reformar la Constitución de EU. Trump se dice listo para tratar sin someterse al proceso adecuado, a pesar de que el propio vocero de la Casa Blanca y académicos han negado que sea viable desafiar a la ley suprema. Después de todo, por encima o al margen de ella, nadie. Si bien podría sumar votos a su favor, la intención anticonstitucional del Presidente estadounidense podría resultar contraproducente para los candidatos republicanos moderados, debilitando aún más al ya fragmentado GOP. Que la iniciativa de Trump parta de una nublada estrategia electoral para finalizar la "ridícula" realidad de Estados Unidos —en la que por ridículo se entiende al apego a la ley— solamente lo ridiculiza a él mismo.