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AMLO, Bolsonaro y la democracia liberal

¿Cómo pretendemos comprender el presente si no nos recargamos en el pasado para entender cómo llegamos?

OPINIÓN

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La historia que se escribe ahora, la del cambio político más radical y brusco en décadas, y el ascenso al poder de Andrés Manuel López Obrador, no se entendería sin eso que llamamos “el pasado”, una idea monumental cuyo peso abrumador solemos reducir a dos palabras, como si no estuviera compuesta por cientos o miles de pequeñas piezas que forman el gran rompecabezas de la historia del país. El pasado es una colección de datos, estadísticas e información documentada sobre lo que México ha sido en el paso de los siglos. Es necesario recordarlo porque a veces el presente suele reducirse y simplificarse, como si este momento que estamos viviendo no estuviera conectado a los hechos que sucedieron ayer, o hace diez años, o cinco décadas, o un siglo. El otro día pensaba en el pasado después de leer un par de artículos en medios extranjeros e influyentes que advertían que López Obrador representa una amenaza más grande que Bolsonaro para la democracia liberal, y citaban como elementos la mayoría de AMLO en ambas cámaras y la designación de delegados estatales que sólo rendirán cuentas al presidente. Ni siquiera discuto la tesis central, pero como dije antes, ¿cómo pretendemos comprender el presente si no nos recargamos en el pasado para al menos intentar entender cómo llegamos aquí? Democracia liberal: ¿cuántos mexicanos confían en las instituciones surgidas de ese modelo, particularmente desde el gobierno de Carlos Salinas y la fundación del IFE? Peña tomó el poder con una calificación de 6.7 de confianza en las instituciones, que cada año disminuyó hasta tocar piso en 2017, con 5.9 Después de la elección creció a 6.2. La designación de los delegados puede ser un golpe autoritario y antidemocrático como señala la oposición. Pero esta decisión, centralista y concentradora de poder, no se entendería sin otra historia: la de los gobernadores que se convirtieron en virreyes y desfalcaron sin pudor y sin que nadie los frenara. Entre las concesiones monárquicas de los gobernadores sirva sólo una como ejemplo: antes de morir, el doctor Jesús Kumate, ex secretario de Salud del gobierno de Salinas, un hombre honorable y honesto, alertó al gobierno de errores en la entrega de los dineros del Seguro Popular, que él fundó, a los estados. Advirtió que se habían retirado candados vitales y que era probable que ese dinero no llegara a su destino. Lo dijo antes de que una veintena de gobernadores desviara 250 mil millones de pesos. Los delegados tienen el propósito de ser los ojos y los oídos de López Obrador y de amarrarle las manos a los gobernadores ante todas las historias documentadas de desfalco. ¿Tratar de contener y vigilar lo que hace cinco minutos se convirtió en el robo de miles de millones representa una amenaza? ¿No son estas conductas, en todo caso, resultado de las distorsiones –y el fracaso– de esa democracia liberal?  

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@wilberttorre