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La espera

Un circo mediático con tintes neoliberales se alzará en una de las zonas más pobres de la Ciudad de México

OPINIÓN

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El juramento de Andrés Manuel López Obrador será un acontecimiento extraño, pero típico de los jolgorios mexicanos: el ascenso del primer presidente de la izquierda nacional –una clasificación que provocaría un infarto masivo en los sobrevivientes de la vieja izquierda–, en el acto político más concurrido de la historia reciente: sólo en el apartado de medios se espera el registro de… ¡más de dos mil periodistas! Un circo mediático con tintes neoliberales –como invitados estarán, en una esquina, cantando en el Zócalo, Silvio Rodríguez, y en la otra Ivanka Trump, taconeando mármoles en Sán Lázaro y en Palacio Nacional– se alzará en una de las zonas más pobres de la Ciudad de México, con sus pintorescos y bravos barrios de la Merced y La Candelaria, para ver el ascenso del último líder que promete gobernar en sentido opuesto a casi todo: a los mercados, a las presiones de la clase empresarial, a las sinuosas y siniestras estructuras de poder, y hasta del viejo y resistente adagio, según el cual el mexicano que no tranza, no avanza. Ayer, bajo el solecito de noviembre, tímido pero persistente, en el patio de San Lázaro, alrededor de la Bandera Nacional se asoleaban y chismeaban como siempre las secretarias, los asistentes, los equipos de asesores de los diputados y los presidentes municipales que se acercan todo el tiempo como sabuesos husmeando dineros para sus municipios. Ahí, en San Lázaro, como fuera, en los barrios, los pueblos y las ciudades del país, hay una expectativa silenciosa ante el cambio de gobierno. Por ahora, las armas velan en las bancadas de oposición y las preocupaciones asaltan al equipo de resguardo legislativo que estará a cargo de la seguridad de San Lázaro. Riguroso e irrebatible en la presidencia de la Mesa Directiva, Porfirio Muñoz Ledo ha dicho que ningún oficial del Estado Mayor Presidencial entrará al recinto, pero ayer casi nadie hablaba de los guardaespaldas locales, sino de los policías del Servicio Secreto que acompañarán a Ivanka Trump, hija del presidente de Estados Unidos. ¿O se les prohibirá permanecer armados como suelen deambular? En los alrededores de la Cámara de Diputados se pertrechará tal vez la mayor concentración de fuerzas del orden de la que se tenga memoria. Miles de policías de la Ciudad de México, efectivos del Ejército y miembros de la Policía Federal lo vigilarán todo desde las azoteas, el aire, los bajopuentes y las avenidas. La calle Corregidora, con sus puestos de venta de tres blusas por 100 pesos, sus prostitutas, merolicos y mendigos, será el primer baño de pueblo que saldrá a darse López Obrador con la banda de presidente cruzada al pecho. Bajo el brillo de los toldos amarillos ayer nadie conversaba del jolgorio del sábado. Ni el bolero con cuerpo de leñador, ni la niña con un bebé recostado en un mar de brasieres, ni la vieja que asaba tlacoyos en un anafre. El pueblo, a la espera.  

wilberttorre@gmail.com

@wilberttorre