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Todo el poder

López Obrador generó un cambio de paradigma, un terremoto político para separar el poder político del económico

OPINIÓN

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Es interesante, en algunos casos inédito y en todos novedoso, lo que está sucediendo alrededor del cambio de gobierno y el ascenso de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República. Uno de los signos más poderosos y controvertidos de esta transición es que López Obrador, un Presidente surgido de la política, ha comenzado a rescatar y devolver a la figura presidencial un control férreo de la conducción económica, financiera y social, así como de otras políticas públicas menos trascendentes en décadas pasadas, pero absolutamente vitales hoy día, como las vinculadas a la Seguridad Nacional. Es novedoso en el contexto de seis presidentes de centro-derecha que gobernaron desde los años 80, siguiendo con fidelidad la pauta que marcaba el tren del neoliberalismo, al tiempo que el poder absoluto del Presidente en la administración pública comenzó a ser compartido gradualmente con la tecnocracia, que en la opinión abrumadora de los políticos duros y puros ha gobernado el país desde la Secretaría de Hacienda en los últimos gobiernos. Desde Hacienda y otras instituciones afines, la tecnocracia ha dirigido la política económica y las grandes decisiones nacionales han pasado por su tamiz. Esta alta influencia se disparó en los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña, en los cuales, los tecnócratas se apoderaron casi de cada espacio importante. La ascendencia de la tecnocracia en la política nacional se extendió al grado que en el gobierno del presidente Peña, desde las jefaturas de departamentos y subdirecciones de área de Hacienda, se decidieron las políticas agrícolas, los proyectos turísticos y las obras más importantes del sector energético. Con los años, la tecnocracia se convirtió en un poder ilimitado y abusivo; la última de sus decisiones capitales fue la construcción del aeropuerto internacional en Texcoco, que López Obrador canceló tras los resultados de la llamada consulta nacional. No se trata entonces de un manotazo sobre la mesa, sino de un terremoto político que, como lo explicó AMLO, tiene el propósito de separar efectivamente al poder político del poder económico. López Obrador ha tomado una decisión gemela al anunciar un Plan de Seguridad Nacional, cuyo corazón es la creación de una Guardia Nacional formada por el Ejército y la Marina, más otras Fuerzas Armadas. Todo el poder del Presidente aparece detrás de la creación de la Guardia Nacional, una decisión que implica un cambio histórico en vista de que por primera vez se desplaza a los civiles de las políticas de seguridad que habían estado históricamente a su cargo. López Obrador las pone ahora en manos del Ejército y la Marina, cuerpos convergentes en esa Guardia Nacional que estará bajo el mando directo del Presidente de la República. Parafraseando una vieja y potente canción de Molotov, López Obrador está tomando decisiones que devuelven todo el poder al Presidente de la República. ¿Me comprendes, Mendez?  

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