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Si reparáramos las fugas, ¡que cierren el Lerma-Cutzamala!

La capital del país no depende de lo que sale de ese sistema, sino de otras fuentes, principalmente sus propios pozos.

OPINIÓN

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La crisis fifí del agua sigue dando de qué hablar. Hasta ayer, dos días después del megacorte, todo estaba en orden donde siempre ha estado en orden, y en carencia donde siempre ha habido carencia. Algunos esfuerzos adicionales se han hecho en algunas zonas, en aras de no padecer. Ya veremos qué tan duraderos son. Pero si quisiéramos pensar en (y exigir) esfuerzos duraderos, tal vez deberíamos pedir que se reparen las fugas de agua en la Ciudad de México. Con sólo controlarlas, podríamos abastecer de agua a diario a todo el Valle de México, no sólo a la CDMX. Pero como son obras no visibles y poco rentables, quién sabe cuándo veremos que se cambie la red hidráulica actual. La situación hídrica de la Ciudad de México está más o menos así: en realidad, la capital del país no depende de lo que sale del sistema Lerma-Cutzamala, sino de otras fuentes, principalmente sus propios pozos. Según datos de la Conagua, la CAEM y el Sacmex, el Lerma-Cutzamala provee 22 mil litros de agua por segundo (22 metros cúbicos). El 10% se queda en el Valle de Toluca; 36% es para los municipios conurbados a la capital del país, y 54% a la propia Ciudad de México. Es decir, más de la mitad es para los chilangos. Sin embargo, esto representa apenas 19% del consumo total de la CDMX, que es de 62 mil litros de agua por segundo. Así es que el cierre del Cutzamala no debería de dejarnos sin agua, sino únicamente sin uno de cada cinco litros de agua que se consumen en todo ese territorio. Es decir, la escasez va a ser, de nuevo, selectiva. Pero hay más: si el Gobierno de la Ciudad de México hubiera invertido de forma más decidida en los últimos sexenios en la reparación de fugas, no requeriría del Cutzamala –por lo que este cierre de llave le vendría guango–, es más, podría hasta repartir agua a los municipios mexiquenses del Valle de México y regresar un poco el favor, pues el Edomex le ha enviado agua históricamente a la capital del país. En fugas de agua (de las cuales hace un par de años había al menos 35 mil, según el último dato del Sacmex), cada segundo se desperdician en la CDMX ¡24 mil litros de agua!, según estimaciones de la UNAM. ¿Qué quiere decir (esto para quienes saben hacer números rápidamente)? Que más del doble del agua que llega del Cutzamala se va por la cañería, sin mayor uso o aprovechamiento. ¿Para qué necesitaríamos al sistema Lerma-Cutzamala, si tapáramos las fugas de la ciudad? Si el agua que genera solamente la propia CDMX, sin contar al Cutzamala, que son 50 mil litros por segundo, se repartiera a razón de 300 litros por persona al día (el triple de lo que la OMS recomienda como consumo ideal), la ciudad podría dotar, con sus propias fuentes y afluentes, a 14.4 millones de personas al día: mucho más que su población. Sin embargo, estamos ciclados en el círculo vicioso de “necesitamos más agua porque cada vez hay más fugas y porque la gente consume, en promedio al día, mucho más de lo que es recomendado”. El acento no se ha puesto, nunca, en cuidarla, optimizar el recurso, racionarla, sino en explotarla cada vez más. El cierre del Cutzamala no importaría, si no hubiera fugas. Las fugas, incluso, no importarían, si actuáramos diario, de aquí pa’l real, como estamos actuando en esta crisis fifí del agua.

HUGO.CORZO@HERALDODEMEXICO.COM.MX

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