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Retos para diálogo entre comunidades y ciudades

Los riesgos se incrementan con los cambios ambientales y vaivenes del entorno económico internacional

OPINIÓN

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América Central comparte con el resto de América Latina y El Caribe el fenómeno de crecimiento de las ciudades y zonas metropolitanas. La mayor parte de la población reside en las zonas centrales que comunica la carretera panamericana y cerca de costas del Pacífico. Panamá, Costa Rica y El Salvador son países en los que ha crecido más la tasa de urbanización durante las últimas seis décadas. Según el Informe del Estado de las Ciudades de América Latina y El Caribe 2012 encabezado por ONU Hábitat, la región se encuentra en una nueva transición urbana impulsada por el crecimiento poblacional y los patrones migratorios entre ciudades. Para 2016, la urbanización se consideró una fuerza mundial transformadora que implica. Las urbes de América Central representan un espacio de hábitat que recibe el impacto directo de los avances en materia de integración, conectividad, avance de las comunicaciones, movilidad y comercio. Sin embargo, nuevos problemas han acompañado ese desarrollo en los campos de la salud, de vialidad, costo del suelo, o en el del acceso a los servicios que toda persona requiere en ciudades que aspiran a la sustentabilidad. Se comparten la construcción de nuevos complejos residenciales, zonas industriales y barrios informales, pero se complica y dificulta ante asuntos como el acceso a la vivienda, que representa uno de los principales problemas relacionados con la calidad de vida en los diferentes hábitats. En 2015, el mismo organismo internacional recomienda dar atención a un viejo desafío que con las nuevas tecnologías se dibuja claramente, ahora con el acceso al internet, la geolocalización y el Big Data. El futuro de su habitabilidad en un ambiente de aceleración de los cambios del entorno requiere de capacidades regionales de planeación y prospectiva. Los riesgos se incrementan con los cambios ambientales y vaivenes del entorno económico internacional, cuando se aumentan las divisiones al propio interior de las comunidades urbanas. La determinación de asuntos comunes la relación - campo ciudad puede ser tomado en cuenta en los contenidos del diálogo que se sostiene entre ciudades y zonas metropolitanas, porque su sobrevivencia depende también de que el equilibrio que se desarrolle entre ambas. La atención a las necesidades de sus pobladores y visitantes se asume en un ambiente en el que las últimas adoptan una suerte de papel de representación de las comunidades como colectivos que representan actores sociales determinados por su compartir geográfico, corriéndose el riesgo de dejar fuera de la toma de decisiones a los desplazados y población que vive en movilidad. Escenarios para el desarrollo del hábitat de comunidades urbanas dependen del papel que sostienen en la relación de poderes decisorios en políticas públicas. En ese diálogo se cuenta con posibilidad de incorporar a quienes comparte desde el campo y vecindades regionales sus actividades vitales. Un reto para la política y la sociedad en materia de participación para el diseño del futuro.  

*Catedrática

@GUADALUPEGONZCH