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¿Por qué corremos?

Cada año se venden más de mil millones de pares de tenis en el mundo y correr ya no sólo es tema de salud

OPINIÓN

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La carrera está en el ADN de los humanos por instinto de supervivencia. A nuestros antepasados no les quedaba otro remedio que ser más rápidos, tanto para cazar como para evitar ser cazados, como lo explican los evolucionistas; más tarde, todo cambió con la llegada de los caballos, aunque no sucedió al mismo tiempo en todo el mundo, el hombre contó con animales que podían ser domesticados y que suplían gran parte del trabajo que el hombre hacía hasta entonces con sus propias piernas. Así, sobre un caballo, el hombre conquistó y sometió pueblos, construyó ciudades y desarrolló múltiples habilidades, pero perdió otras, como la confianza en su propio cuerpo. Otros pueblos se las arreglaron sin los caballos, como los mesoamericanos, las tribus de Australia o África, que hicieron de la carrera un asunto no sólo de supervivencia, también lo ritualizaron como parte de su cultura. En la antigua Grecia había ventajas económicas para los corredores. En el estadio sólo se les entregaba una corona de laurel, pero fuera de él sus patrocinadores y la sociedad, los premiaba con vasos de oro, objetos de bronce, caballos, esclavas y dinero. Si el deportista era muy bueno, erigían una estatua en su honor. Ya entonces el deporte era una forma de obtener fama y fortuna. Con la llegada de la rueda y las máquinas, primero de tracción y luego de vapor, el hombre encontró nuevos medios de desplazamiento para ya no depender sólo de sus piernas, ni de bestias. Luego, la electricidad y los primeros automóviles revolucionaron, con el siglo 20, la movilidad humana, hasta volvernos dependientes de las máquinas para transportarnos. Se facilitó el traslado de personas y mercancías, pero al mismo tiempo nos volvimos sedentarios, contrajimos enfermedades y perdimos el instinto de correr. Desde finales de los 70, comenzó un movimiento popular que reivindicaba la pasión por correr como tema de salud y de recuperar la confianza en el propio cuerpo. Primero lo llamaron jogging, ahora running, esta tendencia mundial fue llenando de personas en movimiento las calles, los parques, los caminos. Hoy cada año se venden más de mil millones de pares de tenis en el mundo y correr ya no sólo es tema de salud, también de cultura, de industria y hasta de moda y calidad de vida. Este año, por ejemplo, el Maratón de NY reunió a 50 mil corredores, de las cifras más grandes en estos eventos. Así que la carrera ha tenido siempre un alto valor simbólico, antropológico y cultural, como dice Gaia de Pascale en su libro Correr es una filosofía: “Desde los primeros homínidos hasta la época actual, la carrera es una actividad que construye mundos…una filosofía, un modo de estar en la tierra, por que lleva sobre sí una amplia gama de emociones”, desde el instinto de supervivencia, la identidad, la derrota, la victoria, el dolor y la felicidad. @AYALAROSS1