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Marchan ciudadanos contra la nueva mafia

OPINIÓN

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Hoy domingo, 11 de noviembre, a las 11 horas habrá de realizarse la primera marcha ciudadana en franca oposición al gobierno electo por su decisión de cancelar el proyecto aeroportuario en Texcoco y por haber convocado a una consulta manipulada que arrojó un resultado cuestionado y repleto de irregularidades. Es para Ripley: ni siquiera ha tomado posesión el nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador y ya hay ciudadanos en las calles protestando por sus métodos de gobierno basados en demagogia y manipulación de la gente. El campo de batalla del nuevo gobierno es un aeropuerto. Es inconcebible que así sea. Hay, ciertamente, asuntos de fondo involucrados. Desde Morena dicen que es un problema de corrupción. Pero simultáneamente invita a los mismos constructores a participar en el proyecto del otro aeropuerto y en la construcción del Tren Maya, y no da indicios de que los vaya a investigar por su “escandalosa corrupción”. Más bien da la impresión de que la crítica morenista no es en contra la corrupción genéricamente, sino contra la corrupción de los otros. La propia será permisible y entendible. Lo que resulta llamativo es que Morena, que dice ser vanguardia de los intereses del pueblo trabajador, no reacciona ni por un instante ante la pérdida de 45 mil empleos, directos e indirectos, que la cancelación de la obra significará para muchas familias de la zona. Aparte se contabilizan miles de trabajos permanentes perdidos que habrían sido creados por el Nuevo Aeropuerto en instalaciones propias, además de las economías complementarias, como hoteles, restaurantes, tiendas y viviendas, junto con los sistemas de transporte necesarios para su pleno funcionamiento. No existe en la cabeza de Morena la necesidad de crear empleos e incrementar la productividad. Solamente reacciona positivamente ante la posibilidad de repartir dádivas subsidiadas a gente necesitada con el presupuesto público. Es un partido que cree en la bondad de repartir dinero ajeno, pero no se preocupa por el fomento de condiciones favorables para la creación de riqueza colectiva hacia el futuro. Morena hará su aeropuerto en Santa Lucía, a pesar de que los pobladores de esa localidad rechazaron la propuesta al votar, mayoritariamente, en contra de la instalación del aeropuerto ahí. Y se edificará con el constructor amigo de siempre: Riobóo. Critica correctamente a Peña Nieto por su relación con Grupo Higa, y avala acríticamente la relación con el constructor de Riobóo, ahora convertido, además, en constructor y polemista número uno, defendiendo todo lo que le conviene a AMLO, a Morena y a él mismo. Intereses simbióticos. De eso precisamente es lo que debiera cuidarse todo gobierno que aspira a ser respetado por su pueblo. De ahí que llama poderosamente la atención la ceguera y la sumisión de Morena a los notorios intereses económicos de López Obrador que aparecen acríticamente ante nuestros ojos. La soberbia enceguece a los gobernantes, no importa cuánto presumen ser herederos de Juárez, Madero y Cárdenas. Con todos los indicios a nuestra disposición, aún antes de la toma de posesión resulta evidente que al término del sexenio que apenas empieza, los mexicanos tendremos que lidiar con una nueva mafia del poder, asociada, obviamente, con la vieja mafia del poder. Esa asociación es inevitable porque las mafias pelean y se enfrentan, arrebatan y se reconcilian. Es su naturaleza. Incluso el ataque a la mafia en el poder por una mafia fuera del poder no es inusual: es lo que hizo Trump para ganar la Presidencia en su país, igual como lo hizo AMLO. Pero debemos saberlo: las mafias son las mafias, y tiene sus códigos y lenguajes que sólo ellos entienden y comparten. Es por ello que vemos, literalmente, bodas entre empresarios y políticos, empresarios y jueces, políticos y reinas de belleza, narcotraficantes y reinas de belleza. Las prácticas de las mafias son parecidas, independientemente de sus intereses en conflicto. La marcha de ciudadanos, muchos o pocos, no importa, que se verificará hoy, es para decir: todo esto lo sabemos. No piensen por un instante que su discurso ideologizado y pretenciosamente pueblerino encubre lo que realmente está ocurriendo en la sociedad mexicana. Están sentando las bases para una nueva mafia en el poder y México no votó por eso. No importa el argumento del número de votos recibidos por el gobierno entrante. Nadie votó por una nueva mafia en el poder y una nueva clase de juniors. La marcha significará que existe una sociedad capaz de alinear sus lealtades hacia otros polos si se confirma que la nueva mafia es tan perversa como la anterior: corrupta, autoritaria, voraz y ciega. México no votó por eso.