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Una nueva-vieja formulación

Nadie sabe cuántas armas hay en México, se cree que al día entran entre 560 y dos mil de forma ilegal

OPINIÓN

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  El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ya hizo sentir su peso y anunció urbi et orbi que él, y nadie más, estará a cargo del gobierno de México. Hecho y dicho eso, con su habitual retórica, ahora le toca empezar a tender la mano y lidiar con las realidades, incluso factores de poder receptores directos o indirectos de su mensaje de esta semana. Pero a gustar o no, esos factores –el capital y la geografía– son un hecho, y tienen peso en México. O dicho más claramente, inversionistas y empresarios por un lado, y los Estados Unidos, por otro. En cuanto a los primeros, ya les hizo sentir quien tendrá la autoridad. Pero también debe recordar que la confianza de los inversores –y sus recursos– es esencial para sus planes de desarrollo y mejoras económicas. Dio un mal paso, pero puede corregir. Respecto a los segundos, habría que recordar señalamientos del senador Marco Rubio, presidente del subcomité de Relaciones Exteriores para el Hemisferio Occidental antes de las elecciones del 6 de julio: "la asociación entre los Estados Unidos y México es crítica para nosotros, pero también es crítica para el futuro de México". Rubio se pronunció antes de las elecciones y asentó que "el interés mutuo de Estados Unidos y México es tan fuerte, tan significativo, que es difícil imaginar que incluso alguien de la izquierda ignore eso, si realmente quieren tener éxito. No puede tener éxito como Presidente de México si no reconoce esa realidad". López Obrador y su gobierno parecen conscientes. Ese fue el mensaje de su respaldo al nuevo Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TeMEC). La importancia económica de una relación que ocupa 80% del comercio exterior de México, es una condicionante formidable, pero AMLO y su equipo parecen interesados en hacer respetar límites. Con todo, el peso de los Estados Unidos es derivado también de la vecindad geográfica, una que tiene impacto para los dos países aunque México lo resienta más por relación de tamaños y de fuerza. Las divergencias políticas y aún choques verbales sobre temas específicos son inevitables entre países vecinos. Pero en las últimas décadas, los dos gobiernos trataron de evitar que temas específicos afectaran el tono general de la relación. No se espera que eso cambie, aunque si que una confrontación verbal entre AMLO y Trump es inevitable. Hasta ahora, el mandatario estadounidense y el Presidente electo han sido muy cuidadosos. Algunos hablan de la posibilidad de problemas derivados de temas energéticos; las primeras impresiones en torno a los colaboradores nombrados por AMLO en el sector son de escepticismo sobre su capacidad, aunque se especula que son mas bien de señales de control directo. En lo que se espera habrá mayor cuidado es en seguridad, aunque el nuevo equipo mexicano tendrá que conquistar tanto la confianza de los mexicanos como de sus contrapartes.  

JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX

@CARRENOJOSE1