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Necesarias políticas públicas articuladas en el territorio

La falta de oportunidades para las y los pequeños productores genera desesperanza y alienta procesos migratorios

OPINIÓN

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En México la agricultura campesina genera la mayor parte del empleo agropecuario y representa por sí sola casi 40% de la producción agropecuaria. Pese a esto, el pequeño productor mexicano vive en condiciones precarias. Según el CONEVAL 6 de cada 10 habitantes del campo vive en situación de pobreza multidimensional, 25% sufre carencias en cuanto al acceso a la alimentación y 3 de cada 10 son indigentes. La falta de oportunidades para las y los pequeños productores genera desesperanza y alienta procesos migratorios, lo que conlleva al envejecimiento progresivo y un rezago cada vez mayor de las zonas rurales. Para acabar con la pobreza y el hambre la FAO recomienda que las políticas sociales, de desarrollo económico y productivo reconozcan el potencial de la agricultura campesina como motor de desarrollo humano integral y que los programas productivos se vinculen más con programas de protección social. Las políticas de fortalecimiento a los pequeños productores acompañadas por la FAO en los países de la America Latina y el Caribe más existosos son aquellas que articularon protección social y formento productivo en todo el sistema agroalimentario considerando la producion, el consumo y el abastecimento alimentario. Además, los programas que tienen un enfoque regional-territorial y aseguran la comercialización cooperativa de productos transformados de la agricultura campesina y comunidades indígenas originarias, obtienen resultados e impactos transformadores. Estudios de la FAO muestran que los programas de protección social, especialmente las transferencias directas de ingresos, como el programa Prospera, mejoran el consumo del hogar e inciden favorablemente sobre la escolaridad, acceso a la salud y seguridad alimentaria y nutricional de las familias. Las transferencias monetarias, tengan o no corresponsabilidades, ayudan a que los hogares diversifiquen sus fuentes de ingreso, acumulen activos e insumos productivos, mejoren su manejo de riesgos y fortalezcan su capacidad de adaptación y resiliencia frente a choques externos. Contribuyen al empoderamiento económico y social de las mujeres, cuando desde el diseño, hay enfoque de equidad de género. Afortunadamente en Mexico está en curso la construcción conceptual y política de la visión de que todas las políticas de desarrollo rural deben articularse en los territorios. Su articulación deberá estar diseñada a partir de los verdaderos sujetos portadores de derechos humanos, económicos y culturales del campo. También debe incluir acciones para promover una agricultura, ganadería, forestería y pesca comercial y en grande escala resilientes a los efectos de los cambios climáticos y social y ambientalmente justos y sostenibles. Existen en México las condiciones políticas e institucionales para avanzar y consolidar la transformación del actual sistema agrario y alimentario para reducir la pobreza rural. Estas condiciones están sustentadas principalmete por una visión estratégica de largo plazo centrada en la perspectiva de derechos, el marco legal, la capacidad de financiamiento de acciones y programas nacionales descentralizados y la participación y organización de la sociedad, incluida la academia.  
Crispim Moreira*, Ana Paula de la O Campos** y Alejandro Grinspun***
*Representante de la FAO en México.
**Asesora del Programa Estratégico para la Reducción de la Pobreza Rural, FAO Sede.
***Economista Senior, Protección Social.