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Quién manda aquí

En el gobierno de AMLO no hay símbolos que no deban ser tomados en cuenta

OPINIÓN

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En las horas posteriores a la cancelación del aeropuerto en Texcoco, Andrés Manuel López Obrador dirigió un mensaje sentado en la esquina de una habitación de muros blancos, con los bustos de Juárez y Morelos despuntando por encima de su hombro, una bandera con el águila republicana, una fotografía del general Lázaro Cárdenas y el libro “Quién manda aquí”, encima de una mesa. “Cuánto escándalo, cuánto ruido, cuánta bulla. Es una campaña orquestada por quienes se sienten afectados”, dijo López Obrador. “Durante la consulta no podía hablar –explicó relajado y enfundado en un traje gris–, pero en el fondo lo que estaba de por medio en la construcción de Texcoco, era quedarse con los terrenos. Llegué a ver el proyecto y tenían pensado hacer una especie de Santa Fe en las 600 hectáreas del actual aeropuerto”. Morelos, Juárez, Cárdenas. Los símbolos como un faro que ilumina y define principios e ideales y también como instrumento esclarecedor: ¿Cómo decidió López Obrador realizar la primera consulta nacional sobre el aeropuerto y eligió el momento preciso de asestar uno de los golpes de ruptura más estentóreos que haya dado un presidente electo? Siete días después de la elección del 1 de julio, López Obrador llegó a un salón D'´Liz de la colonia Roma para reunirse por primera vez con los diputados y senadores de Morena y con algunos miembros de su gabinete. Ese día los símbolos no llenaron la mesa, pero estuvieron presentes todo el tiempo en la atmósfera y en el pensamiento y las palabras del tabasqueño. Les explicó que para que tener fortaleza y plantear un cambio legislativo profundo, era necesario tomar en cuenta que ya no eran oposición, y que si proponían una reforma corrían el riesgo de que se generara turbulencia si no atendían el entorno. “El general Cárdenas –dijo Andrés Manuel ese día de julio– aplicó una mecánica que le funcionó. Dos años los utilizó para identificarse con el pueblo, para que no quedara duda de que era el presidente del pueblo. Entregó la tierra a los campesinos, apoyó a los obreros, organizó al pueblo y de ahí surgieron la CNC y la CTM. Ya cuando tenía el apoyo popular, fue cuando nacionalizó la industria petrolera y todo lo demás”. “Política es tiempo”, terminó su discurso AMLO aquel día ante los candidatos triunfantes de Morena al Senado y la Cámara de Diputados y un buen número de sus colaboradores. “Nosotros no podemos ahora granjear esas cosas”. Política es tiempo. Antes de sentarse en la silla, del camino de López Obrador se esfumó el proyecto de Texcoco, obra emblemática del gobierno del presidente Peña. Como en un sacrificio, Andrés Manuel ofrendó los últimos despojos del viejo régimen priista, acompañado de un retrato del general Cárdenas.  

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