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Matar: ¿Justicia por mano propia?

Eso pasa en México todos los años, hay estudios sobre el comportamiento colectivo

OPINIÓN

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¿En qué circunstancia serías capaz de matar? ¿Lo harías con tus propias manos, sin armas, incendiado por el poder de tu ira? ¿Te daría más valor hacerlo cobijado por la furia de un grupo de personas igual de indignadas que tú? Eran poco más que adolescentes, los tres que viajaban en la camioneta que embistió una procesión religiosa en San Martín Cuautlalpan, Estado de México, la noche del jueves pasado. Ocasionaron una muerte, hirieron a más de veinte personas… e intentaron escapar. Intentaron. Enseguida unos 400 pobladores los acorralaron, encendieron fuego a la camioneta y agarraron a golpes a los tres muchachos: con sus propias manos asesinaron a uno de ellos, poco antes de que la policía rescatara a los otros dos, gravemente heridos. Los pobladores hicieron “justicia” por mano propia. Pero… ¿es justicia o es barbarie? Fuenteovejuna, la pieza escrita por Lope de Vega en 1619, trata del asesinato de un abusivo comendador. El pueblo entero sostiene una decisión: no acusar a nadie, sino a la comarca completa. ¿Quién ha matado al comendador? Ha sido Fuenteovejuna, respondían. Fueron todos, lo que equivalía a decir que no fue nadie. Eso pasa en México todos los años, tanto que ha resultado en estudios académicos sobre el comportamiento colectivo. Ahí están casos como los de Puebla. En ese estado, 22 personas fueron ultimadas en 2017, por turbas vecinales. También sucede en Chiapas, Guerrero, Oaxaca… Sucede en México, pues. ¿Qué nos pasa? ¿De verdad estamos tan lejos del amparo de la autoridad que creemos que éstos son actos de justicia? ¿No será que hay algo oscuro, un violento deseo inconfesable que se desborda en grupo? El reciente atropellamiento del Estado de México fue intencional, no tiene disculpas. ¿Pero la tiene el comportamiento de quienes –hijos de la ira–no dudaron en quitarle la vida? Un acto basta para encender a una multitud que parecía ya desquiciada y andaba en busca de una excusa. Y a veces, ni si quiera un acto, un rumor alcanza. Así les pasó a los hermanos Rey David y José Abraham Copado Medina, que fueron señalados como secuestradores de niños –también en Puebla- y acabaron linchados. Después de muertos, se comprobó que se trataba de trabajadores de una empresa de estudios de mercado que realizaban encuestas en la zona. Fuenteovejuna también se equivoca, parece. América Latina es quizá la región el mundo donde más se practican los linchamientos. Es también donde los índices de aplicación de justicia formal son más pobres, como pobres son sus habitantes. ¿Hay algo que relacione los bajos ingresos y la falta de estudio con este tipo de violencia? No: 6 de cada 10 bogotanos, 5 de cada 10 dominicanos, 4 de cada 10 paraguayos y 3 de cada 10 mexicanos, justifican la justicia por mano propia. Pero… ¿es la falta de educación lo que nos une o es un afán violento que anda en busca del momento de expresarse en acción? Así de sencillo.  

ASIDESENCILLO@YAHOO.COM

@GABRIELBAUDUCCO