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Maduro y Morales, visita complicada

Los presidentes son dos de los más de 25 jefes de Estado y de gobierno invitados a la ceremonia de asunción

OPINIÓN

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La anunciada visita a México de los presidentes Evo Morales, de Bolivia, y Nicolás Maduro, de Venezuela, invitados a la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador, provocó una colérica reacción entre muchos preocupados por el mensaje que parecen enviar esas invitaciones y esas presencias. Para los más preocupados tal vez sí; la presencia de Morales y Maduro podría representar un fuerte viraje a la izquierda. Pero no. Los controversiales presidentes son dos de los más de 25 jefes de Estado y de gobierno invitados a las ceremonias de Asunción del poder. Los asistentes confirmados incluyen ya al vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence. Pero la invitación a uno y otro parece obedecer más al deseo de subrayar independencia política respecto a la relación con Estados Unidos, que inclinación. De hecho, hasta donde se sabe, la idea es escuchar y hasta mostrar simpatía, pero no comprometerse. Después de todo, el gobierno López Obrador no va a echar por la borda su relación económica, política y social más importante, aunque sí recordar a Washington que México puede ser aliado, pero no vasallo. La postura del inminente gobierno lopezobradorista quedó bien clara con su participación en la renegociación del acuerdo de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá o TeMEC. Pero como otras medidas, puede tener también un mensaje interno, tanto a críticos como a partidarios. De creer a algunos de los integrantes del equipo de política exterior de López Obrador no sería realista pensar que el nuevo gobierno mexicano se lance en el camino mostrado por el fallecido Hugo Chávez y su sucesor Maduro. El caso de Bolivia es menos complicado. Puede haber alguna simpatía por el reclamo territorial de la nación andina, pero Chile y México son aliados tradicionales. Más aún, implicaría elementos de conflicto innecesarios en la relación con la Alianza del Pacifico. Por otra parte Morales, y al margen de su declarada militancia socialista y el aparente deseo por perpetuarse en el poder, ha sido un administrador eficiente en los 12 años que lleva ya en el poder –su primer gobierno se inició en enero de 2006; actualmente está a la mitad de su tercer periodo de cinco años y parece probable que busque otro más–. En cierta forma, podría decirse que se trata de un regreso a la fórmula que algunos identifican con la llamada "Epoca de Oro" de la diplomacia mexicana. La relación con Cuba es y ha sido buena y no hay interés en cambiarla. México se precia de nunca haber roto relaciones con el gobierno de La Habana y de hecho fue en varias ocasiones el conducto para contactos extraoficiales entre los gobiernos de Estados Unidos y la isla. Pero la relación con los Estados Unidos es preeminente en la política exterior de AMLO, aunque sea sólo porque su presencia geopolítica, es tan grande que no puede ser ignorada.  

JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX

@CARRENOJOSE1